‘Todo es Tiempo…’ por José Luis Moreno

La mente, si le dejamos tiempo, si le aportamos el silencio necesario, nos aporta vitalidad no sólo en nuestro cerebro sino también en nuestro corazón.

Y cada día debemos mostrar gratitud: por lo alegre o por lo triste, por el éxito o el fracaso, por el mero hecho de vivir y seguir viviendo cada momento que el tiempo nos regala. El ‘tiempo’, siempre el tiempo.

Parece que a veces, el silencio, puede convertirse en un capricho raro para muchos. Cuando pides silencio, cuando necesitas o buscas el silencio, y se lo dices a los que te rodean, lo normal es que te miren como si estuvieran ante un ser extraño, raro, diferente. En este mundo que vivimos, en este mundo que habitamos, tan lleno de ruidos, tan falto de tiempos, amar el silencio es síndrome de raro o aburrido.

 

Y sí, cada vez se convierte más en algo necesario, vital. No sé si tendrá efectos científicamente comprobados, en mi caso los tiene. Y no estoy hablando de aislamiento, ni mucho menos. Hablo de un paseo en calma, pensando y meditando. Hablo de sentarse en el banco o el césped de un parque, o una piedra en el camino, mientras la mente se calma, mientras meditamos, mientras no escuchamos más que los susurros del viento o ese ruido que la vida nos hace al pasar.

Disfrutar del tiempo, ese tiempo que se va y nunca vuelve. 

Algo de lectura, perdido entre la sabiduría aristotélica, aprendiendo, entre otras cosas, que “al que busca por sí mismo le llamamos más perfecto que al que se busca por otra cosa…”, porque no es lo mismo ser por otros que ser por sí mismo, ni pensar con las ideas de otros que con las ideas de uno mismo.

Así me gusta sentir, así me gusta pensar.

Disfrutar o no de la vida, disfrutar o no de nuestros momentos, siempre depende de cada uno de nosotros. Nosotros somos los responsables, nosotros somos nuestros responsables.

Vivir es elegir qué hacemos con nuestro tiempo, en qué y cómo lo utilizamos.

Todos tenemos el mismo tiempo, pero no todos utilizamos igual nuestro tiempo. En nosotros, en cada uno, está elegir qué hacemos con nuestro tiempo. Por eso tratar de encontrar aquello que más nos enriquece o beneficia, independientemente de lo que piensen los demás, es fundamental para nuestro bienestar.

A veces deberíamos dedicarnos solo a contemplar el tiempo. No hacer absolutamente nada más que sentir ese tiempo que va pasando y sabemos no volverá. 

Sentir el tiempo, vivirlo. ¿Cuántas veces sentimos el tiempo? Ni siquiera somos capaces de parar un instante y sentirnos a nosotros. ¿Por qué sentir el tiempo? Porque el tiempo lo es todo.

Y no sé si el todo es bueno o malo, ni siquiera sé lo que es bueno o malo y eso que uno va rozando el medio siglo de vida.

Despierto por las mañanas con el agradecimiento profundo de la vida, de la nueva oportunidad de hacer las cosas bien, sin pensar en que la noche anterior, al cerrar los ojos, reflexionaba sobre lo que erraba. ¿Y qué es vivir sin errar? ¿Morir sin vivir?

Escribir, desahogar por aquí y por allí, no exime del cumplimiento que uno tiene con la vida como persona y como ciudadano.

Asumir equivocaciones sin enderezar el rumbo, tampoco es respuesta a la inconsistencia vital de quien entiende su vida como un desorden continuo y continuado.

A veces, tal vez, me arropo en falsas apariencias; otras busco absurdas justificaciones. Todo puede ser literatura; o nada lo es. 

¿Quién lo sabe más que quien lo escribe?

Cada uno puede vivir las vidas que le plazca, pero sólo es uno el que muere y, en ese momento, el recuerdo serán tus palabras escritas, tu perfume o tu hedor.

Pero todo es tiempo.

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