Liderazgo, Política

Algunas reflexiones en clave política…

Hace unos días, ha sido publicado, por la Fundación Democracia y Gobierno Local, un libro que tengo el honor de coordinar y que lleva por título ‘Comunicación Institucional y Política’.

En el libro, que aborda temas (Índice aquí) como la comunicación institucional, el gobierno abierto, la acción política, la relación entre las instituciones y los medios de comunicación, las redes sociales en la estrategia de la comunicación, el relato, el liderazgo institucional, el lenguaje en la comunicación desde el gobierno, los planes estratégicos de comunicación o la comunicación en el ámbito local, participan autores que, a día de hoy, podemos decir son los máximos exponentes en nuestro país en la materia: Luis Arroyo, Encarna Hernández, Rafa Rubio, Verónica Fumanal, Antoni Gutiérrez-Rubí, Fran Carrillo, Estrella Montolio, Eduardo Baeza y José Luis Vicente.

En este trabajo he tenido la oportunidad, y privilegio, de participar con un capítulo dedicado al liderazgo y que lleva por título ‘Nuevo liderazgo Institucional y Político’ en el que trato de defender la tesis de que los liderazgos, en la actualidad, o son emocionales o no lo son, ya que el ciudadano, el elector, se mueve por las emociones.

La casualidad ha hecho que la aparición de este trabajo coincida con las elecciones al parlamento andaluz, tan comentadas en  los últimos días. Comentadas por los resultados; unos resultados ya conocidos por todos y que han sorprendido a muchos, entristecido a unos y alegrado a otros. Unos resultados que pueden suponer un cambio histórico en el gobierno de esta comunidad pero que, más allá, supone la irrupción en nuestro país de un nuevo partido que hasta la fecha no contaba con representación en ninguna institución: VOX.

En los últimos días están apareciendo, y no dejarán de aparecer, análisis de todo tipo que buscan el porqué o los porqués de este resultado. Resultado que, nuevamente, escapó a cualquier tipo de previsión o encuesta aparecida en los últimos meses.

Casi todos los compañeros que participan en este libro (‘Comunicación Institucional y Política’), han hecho o harán sus análisis y reflexiones sobre este nuevo fenómeno en el panorama político español. Fenómeno que, sinceramente, no resulta sorprendente ante la aparición, en los últimos años, de partidos emergentes que encuentran su espacio en el nuevo y variado electorado de nuestro país.

No me toca, ni pretendo, hacer aquí una indagación ideológica o programática de unos y otros. No es mi cometido ni, en estos momentos me apetece.

Sí quiero hacer algunas reflexiones, mínimas, sobre el momento y sobre lo que yo creo supone un paso más en la esencia democrática de nuestro país. Parece que aquél bipartidismo que ‘reinaba‘ en  los ambientes políticos no hace mucho, comienza a fragmentarse y genera, al menos es lo que pienso yo, un panorama mucho menos cómodo para los dirigentes y, tal vez, mucho más democrático, como esencia, a la hora de tomar decisiones: el diálogo y el consenso se hace esencial ante la falta de mayorías absolutas.

Lo cierto es que, cada vez más, la única previsión que acierta es aquella que dice que en política cualquier cosa puede suceder, nada es previsible ni nada es probable.

En política, como en el fútbol, unos ganan y otros pierden. Pero a veces, a diferencia de los deportes, los que pierden ganan o los que ganan pierden. Todo depende del punto de vista del que se mire o, por ende, del juego democrático de los pactos.

Nunca es fácil admitir que se pierde, no es fácil admitir la derrota. 

El verdadero líder es aquél que sabe asumir las responsabilidades del fracaso tanto más que agradecer, si llega el caso, con humildad el trabajo de equipo cuando se trata de una victoria.

El éxito o el fracaso está separado por una línea prácticamente invisible.

Podemos estar convencidos del éxito y fracasar, o tener un camino tan lleno de obstáculos que te haga pensar en la derrota pero vencer.

En política eso es mucho más habitual que en el mundo empresarial, entre otras cosas porque el éxito o fracaso depende, más allá del trabajo ejemplar del líder, que también, de las emociones, del voto.

Valgan estos apuntes por la respuesta que algunos han dado en los últimos días, tras sentirse ‘perdedores’ de poder.

Es duro, cuando se tiene el mando, pasar a ser el subordinado. Como lo es estar en la cumbre y caer dando trompicones al suelo, allá abajo, donde comenzaste tu escalada.

Hay que valer para estar arriba tanto como para estar abajo. Por ello, siempre he creído indispensable, sobre todo en el ámbito político, antes de llegar arriba comenzar desde abajo.

En este caso del que hablamos, lo claro y notorio, nuevamente, es que unos tienen peor perder que otros.

En política, si uno pierde y cuestiona la victoria de los otros, está cuestionando la legitimidad de aquellos que votan. El voto de un ciudadano a una organización legalmente constituida, que se presenta a unos comicios electorales, vale exactamente lo mismo lo haga a un partido o a otro.

No he entendido en muchas ocasiones el porqué de ciertas decisiones ciudadanas. Pero está claro que todo tiene su porqué, aunque en un principio no seamos capaces de verlo: hartazgo, miedo, reproche, castigo, seguridad… Se vota por emociones.

Vox no es un partido que haya aparecido ahora mismo en el país. Vox ya lleva unos años buscando su hueco pero, curiosamente, obtiene un resultado que le permite tener representación parlamentaria en el lugar dónde casi nadie lo esperaba: Andalucía, feudo socialista desde hace cerca de 40 años.

Y curiosamente lo hace obteniendo votos de perfiles variopintos, indudablemente más desde la derecha, pero también de perfiles de izquierdas. ¿Por qué? Por hartazgo, por emociones.

Y este fenómeno se repite, no es nuevo en España ni en Europa.

¿Por qué surgió y ascendió en su momento Podemos?

¿Por qué surge y asciende en este momento VOX?

¿De qué perfil de votante se alimentan unos y otros?

Crisis, inmigración, corrupción, inseguridad, falta de esperanza, modas, patriotismo.

¿Unos ultraderecha, otros izquierda radical? Ambos quieren cambiar el sistema.

Vox aparece con fuerza porque para los electores no existe una respuesta clara a lo que para ellos es sensible e importante en este momento, y hablo por ejemplo, de la unidad de España y la crisis en Cataluña.

Y así nació en su momento Podemos, como respuesta a la crisis y así emergió, también, Ciudadanos en Cataluña.

Me doy cuenta que últimamente los votantes españoles han dejado de ser conservadores en lo que al voto se refiere. Últimamente son capaces de votar a un partido político de clara ideología de izquierdas un año y al siguiente votar a uno de derechas. ¿Por qué? Porque se mueven por emociones, está de moda, les cae bien el dirigente de turno, se enfadan o, simplemente, les apetece.

Ya no existe eso de ‘me moriré socialista o de derechas’ como mis padres. No. Eso se acabó.

Hace poco criticábamos que los partidos históricos en España, PP y PSOE, no se regeneraban. Pues bien, estos dos partidos, en los últimos años, se han regenerado y parece o parecía que los líderes de ambas organizaciones, Pedro Sánchez y Pablo Casado, ilusionaban a sus bases y alentaban a nuevos seguidores con unos discursos más modernos y frescos, alejados de lo casposo y, digamos,  de aquello manchado de corrupción de unos y otros en años anteriores.

Pues bien, muchos de aquellos que hace poco aplaudían, por ejemplo, a un Pablo Casado pletórico, como relevo y referente de ese nuevo Partido Popular o centro derecha español, ahora aplauden y se convierten en defensores de Santiago Abascal y VOX. ¿Motivo? Moda, emoción, errores, falta de mensaje o comunicación. Y lo mismo ocurrió con Pedro Sánchez y Podemos. 

No voy hoy a entrar a valorar, ni mucho menos, los errores de unos y de otros que a su vez generan rechazos y enfados en los electores.

A Podemos lo subestimó la izquierda y a VOX la derecha: ahí están ambos.

Yo invitaría a la sensatez y a la serenidad, aunque sé que, en esta invitación, pocos me acompañarán. Invitaría a todos a leer los programas, la doctrina ideológica tanto de Podemos como de VOX.

Yo no voy a denominar a ninguna de estas dos formaciones anticonstitucionales. No lo son. Si son ambos antiSistema, cada uno desde su esencia ideológica.

A Podemos ya le conocemos en gobiernos, a VOX todavía no, pero se andará.

Soberbia, afán de protagonismo y prepotencia no han de ser características de un líder; sí lo son de los dos máximos responsables de estas formaciones.

Tal vez estas características se puedan convertir en virtudes para muchos de sus fans y seguidores, que atraídos por la novedad lo aplaudan, pero nunca de un liderazgo sólido.

Vamos a vivir momentos de emoción política. Nada va a ser como antes y el que así sea es producto de los errores, de los abusos de poder que ha generado una desafección absoluta de la clase política clásica. 

El ciudadano opta por aquello que cree representa mejor su enfado contra el poder establecido. Es un voto de hartazgo. Ni siquiera se trata de un voto útil para que arreglen los problemas que tenemos; en la mayoría de los casos ni siquiera leemos los programas electorales. Es un voto, simple y llanamente, de protesta. Es un voto de rechazo. No se vota a favor de algo, se vota en contra de algo. No es un voto constructivo, es destructivo.

Es posible que a muchos no guste mi opinión, como casi siempre, pero es mía. No me importa definirme, me muevo más en el espectro político del liberalismo social (valor de la libertad política, el derecho de los individuos a tomar sus propias decisiones y el libre mercado sin olvidar una distribución justa de la riqueza y el poder) que es donde más cómodo, ideológicamente hablando, me he encontrado siempre: la defensa de las libertades (políticas, religiosas y culturales), derecho de los individuos a tomar sus propias decisiones, la defensa de la Constitución y la unidad nacional, de los derechos humanos, del diálogo, de la libre elección de la educación, de la libre empresa y comercio y, sobre todo, de garantizar la igualdad de oportunidades, fomentando el desarrollo personal o individual y la libertad de todos los ciudadanos.

Sé que, ahora mismo, a un joven es más fácil atraerlo hacia lo rebelde y radical, hacia estas ideologías de discurso fácil, apoyadas en la ultraizquierda o ultraderecha que, por otro lado, nunca han servido más que para fracturar los sistemas que durante tanto tiempo ha costado consolidar y han hecho funcionar democracias como la nuestra.

Los que hace unos meses, o antes de ayer, criticaban los populismos de izquierdas, no deberían de dejarse llevar ahora por la euforia de los populismos de derechas. 

Ya no está de moda eso del idealismo. Ahora lo que impera es el populismo.

A lo mejor es que el idealismo político resulta que ahora termina por convertirse en populismo. Sí es así, también los ciudadanos deberemos comenzar a aprender que la gestión de las ciudades, las polis, podrían pervertir el sentido del bienestar por el que tanto se ha trabajado, hacia el sentido popular o verdulero ya que el querer contentar a todos los grupos con un discurso, obliga a abandonar el atender las necesidades esenciales de lo global.

Cuidado con los populismos, vengan por el lado que vengan. El populismo es fácil y simple. En una sociedad no dada al esfuerzo de pensamiento crítico,  a la cultura política, es muy fácil de vender porque no requiere ‘esfuerzo’ mental el comprarlo.

Respeto las opiniones tanto de unos como de otros. Es más, creo que asistimos a fenómenos nunca antes vistos y que no queda más remedio que convivir con ellos.

Es saludable la reflexión, la autocrítica y la crítica como agentes que somos de un ‘sistema’ que, para bien o para mal, con sus virtudes o defectos, funciona. 

Apelo al pensamiento crítico, a no dejarnos llevar por lo que está de moda o las corrientes virales.

A pensar por nosotros mismos y no dejarnos ir por lo que sucede alrededor, por los hábitos, modas o costumbres de otros. 

Analicemos aquello que nos conviene o si las ideas o pensamientos de esos otros a los que seguimos, prácticamente con los ojos cerrados, son correctos o erróneos.

Es cómodo que otros piensen por nosotros. Es fácil vivir así. De eso se ha aprovechado, históricamente, el populismo con consecuencias devastadoras como hemos estudiado.

“La mayoría de los hombres, a pesar de que la naturaleza los ha librado desde tiempo atrás de conducción ajena (naturaliter maiorennes), permanecen con gusto bajo ella a lo largo de la vida, debido a la pereza y la cobardía. Por eso les es muy fácil a los otros erigirse en tutores. ¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga acerca de mi dieta, y así sucesivamente, no necesitaré del propio esfuerzo. Con sólo poder pagar, no tengo necesidad de pensar: otro tomará mi puesto en tan fastidiosa tarea.” Kant

Atrévete a pensar.


Decía Keynes  que son las ideas y no los intereses creados los que tienen más peso específico en el desarrollo de la historia. 

Vivimos, como si de un espejismo se tratara, como los intereses sustituyen a las ideas por el mero hecho de evitar el esfuerzo de pensar.

Innerarity, en la introducción a su libro ‘Política para perplejos’ lo deja meridianamente claro:

“… no lo haremos bien mientras no aprendamos a gestionar nuestra ignorancia, hasta que no sepamos qué hacer con lo que no sabemos.”

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