Por qué no empiezas por Liderarte tú.

Me escandaliza mucho el poco valor que damos a lo esencialmente positivo y los aplausos que genera lo negativo. Y más me escandaliza el tener que escribir y opinar así.

Cada uno de nosotros somos responsables del caos existente a nuestro alrededor, en nuestra sociedad y país, cada uno somos como pequeños líderes de nosotros mismos bajo  otros que tratan de liderarnos, mejor o peor, al conjunto.

Como decía Krishnamurti

“cada uno en sí es a la vez la sociedad y el individuo, es tanto la violencia como la paz, es esta extraña mezcla de placer, odio y miedo, agresividad, dominación, amabilidad y ternura.”

Y es que somos responsables de nosotros mismos. Somos responsables de lo que hacemos, de lo que votamos, de lo que pensamos y de cómo actuamos.

Criticar, quejarse de lo que uno es responsable es tan absurdo como ponerte en bañador en una hamaca esperando que salga el sol en un día de lluvia (ocurrencia realmente estúpida la mía).

Leemos y conversamos con unos y otros; criticamos, todo el mundo critica, sin aportar nada, sin mirarnos a nosotros mismos.

Parece se ha puesto de moda, por ejemplo, hablar sobre liderazgo. Parece que ahora, en este momento que vivimos, todos sabemos mucho de este término tan importante, o denostado en algunos momentos. Lo cierto, lo curioso, es que la mayoría de los que critican la falta de liderazgo de otros,  o intentan dar lecciones sobre ello,  ni son líderes de sí mismos ni se han preocupado de serlo; en algunos casos, ni siquiera han liderado nada en su vida.

Escribo siempre desde el respeto y la simpatía. Me encanta reflexionar sobre el liderazgo y todo aquello que  tiene que ver con la motivación personal. Es parte de alguno de mis trabajos.

Unos y otros, de unas organizaciones u otras, culpamos al de enfrente o, lo que es peor, al de al lado, de falta de liderazgo. Mi pregunta siempre es la misma: ¿y tú crees que, por ejemplo, lideras tu vida correctamente? Normalmente la respuesta es que “eso no tiene nada que ver”. Pero sí tiene que ver: el primer principio para ser un buen líder es conocerse, saber liderarse a sí mismo.

Tengo muy claro a día de hoy, aunque no lo voy a escribir por aquí, de los cuatro protagonistas de la vida política actual, por ejemplo, quienes, desde mi humilde punto de vista, han demostrado capacidad de liderazgo. Y ojo, liderar no es decir siempre aquello que más gusta oír a los demás. Liderar, por ejemplo, es no mentir, es afrontar las situaciones sin odios o rencores que nublen tu mente, es observar la realidad tal como es y no como te gustaría que fuese. Liderar es, también, ser fiel a tu palabra, ideas y discurso.

Hace tiempo escribí un artículo en el que en unas pocas líneas exponía lo que es para mí el Liderazgo Político (leer Liderazgo Político Emocional’). 

Todos somos líderes, pero no todos somos buenos líderes. Los hay que van por la vida dejándose llevar por otros sin ser capaces de tomar sus propias decisiones.

Liderarse a sí mismo es confiar en sí mismo y ser consciente de cómo te sientes, de tus fortalezas y debilidades.

Hay líderes que creen serlo y no lo son. Y líderes que lo son aunque no lo sepan.

Líder es la madre que cuida de sus hijos, el padre que sale cada día a la calle a buscar sustento para su familia, el trabajador que se sube al andamio por cuatro perras; líder es ese desempleado que no decae en su empeño por conseguir aquello que merece, la mujer que va al trabajo y vuelve a su casa tras la jornada y se pone con los deberes de los niños, el padre que saca horas de dónde no las hay para que su familia pueda vivir dignamente. 

Como decía, líderes podemos serlo todos o no. Lo más importante es ser líder de ti mismo.

Estamos constantemente dando lecciones a los demás, juzgando y prejuzgando, sin detenernos un instante a analizar nuestras vidas, a analizarnos nosotros mismos.

“Es que este tipo, o aquél, demuestra su falta de liderazgo…” Coño ¿y tú? ¿Tú has demostrado algo en tu vida más allá de dedicar el tiempo a criticar a los demás?

¿Por qué no nos detenemos un momento a pensar en ello?

¿No sería mejor comenzar siempre por nosotros mismos? ¿O nos creemos que, por ejemplo, socialmente, hemos llegado a dónde hemos llegado por culpa única y exclusivamente de los demás y su falta de liderazgo? Creo que el primero que falla es uno mismo con su falta de liderazgo interno.

Una familia, una organización, un partido político, una empresa, una sociedad, se construye a base de pequeñas piezas. Si esas pequeñas piezas fallan, son endebles, no resisten, todo se va al garete. No es solo culpa del que encabeza la pirámide; es culpa de todos.

Vivir es un arte. Conducirse, liderarse, vivir con objetivos y metas. Buscar la excelencia personal, humanizar nuestras vidas, ennoblecerlas. Sacudirnos de envidias, de individualismos.

Liderar es tener capacidad para dirigir vidas, claro que sí, pero la primera vida que hay que ser capaces de dirigir es la de uno mismo.

Lo más fácil es dejar que nos den la vida hecha, que tomen decisiones por nosotros, que arriesguen otros, que se equivoquen… ya estaremos nosotros para quejarnos, criticar o juzgar. 

La vida de cada uno es un proyecto, una misión, un camino que recorrer día a día, paso a paso. Y para vivir bien nuestra vida es fundamental, también, ayudar a los demás a que vivan bien las suyas y no estar continuamente poniendo zancadillas al vecino.

Liderarnos es hacernos y crecer como persona y, para ello, no necesitamos grandes líderes que nos protejan, para ello necesitamos ser nuestros propios líderes. Hermoso ¿verdad? Pero qué difícil.

Siento que vivimos momentos de cierta indiferencia, por no decir ignorancia. Me da la sensación de que estamos como aletargados, paralizados, dejando que otros aprovechen la situación o circunstancia de desequilibrio. 

Aplaudimos discursos populistas que hacen avanzar el desorden propiciando la vulgarización de la sociedad.

Líderate a ti mismo como meta. Si lo consigues, no te harán falta otros líderes, ni tendrás que criticar su falta de liderazgo.

“has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte, como la rana que quiso igualarse con el buey; que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra.”

Decía Don Quijote a Sancho. Y añadía:

“Mira, Sancho, si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen príncipes y señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.”

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