Liderazgo

Reflexiones Veraniegas I.

Lo tenía que haber inaugurado antes, pero lo hago hoy. La canícula nos acompaña en este domingo de julio en el que parece que el verano, comenzado hace prácticamente un mes, llega por sorpresa. Pero está. 

No deja de ser un verano extraño, como el año. El cansancio físico y mental recuerda que va llegando el momento de parar un poco. Parar, en mi caso, no es desconectar. Parar es bajar algo el ritmo, repensar proyectos, escribir con tranquilidad y, también, por qué no, no hacer nada en algunos momentos.

Todavía hay que esperar, pero todo llegará.

Inauguro este pequeño apartado de reflexiones veraniegas. Acumularé lo que piense o sienta sin la obligación de escribir. La vida no puede ser una obligación.

«La vida es movimiento. Vivo, y en consecuencia albergo la fuerza del movimiento, soy ese movimiento y, lo quiera yo o no, vivo. Para el ser humano la cuestión consiste sólo en saber si vive en la alegría y la felicidad, o en la tristeza y el sufrimiento. Y he aquí que la doctrina de la verdad muestra al hombre el camino de la felicidad y el del sufrimiento. El camino de la felicidad consiste en servir a Dios, el camino del sufrimiento consiste en la propia individualidad mortal.» Tolstoi

Esto lo escribió Tolstoi en su diario el día 4 de mayo de 1895 en Moscú. Es realmente profundo, más allá de las creencias de cada uno y el contexto en el que está escrito. La vida es movimiento. Sí, lo es. Y el mayor problema que tenemos todos los mortales es que nos cuesta parar.

Nunca tenemos tiempo para nada. Corremos y corremos sin darnos cuenta.

Deberíamos tener tiempo para todo.

Centrémonos en lo importante y viviremos más tranquilos, mas llenos, más plenos, más enfocados, más sencillos, más felices.

¿Qué es importante para ti? ¿Qué no lo es?

El verano es tiempo de reflexión. Elimina todo aquello que no es importante para ti. 

Quédate con lo necesario para Ser, que es Vivir.

Caminar por la vida sin sentirte esclavo de las cosas.

Los veranos sirven para volver a encontrarnos con nosotros y con nuestro origen.

Todos tenemos ambiciones, o hemos tenido. Diría que siempre hay que tener una ambición, que puede ser un propósito aunque sea el de vivir.

Ambicionar algo suponer hacer por conseguirlo y, solo eso, ya es motor para que nos movamos cada día.

Los problemas vienen cuando la ambición se convierte en obsesión y la obsesión en deseo incontrolado y en disconformidad. Es cuando vienen las insatisfacciones, las desdichas y la frustración.

El arte de vivir consiste en controlar, entre otras cosas, nuestros deseos.

El verano es ese gran momento para generar nuevos hábitos. Para acariciar aunque sea desde la distancia, esa sonrisa que nos eriza y, simplemente vivirlo.

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