Liderazgo

Sentirse bien.

Tras un fin de semana en el campo, regreso a la ciudad y todo vuelve, también, a ser diferente. Ni los cielos, ni esos olores, ni siquiera el silencio que aunque lo busques te es complicado encontrar. 
La sonrisa que espera.
Aquí es como si estuviéramos fascinados por la velocidad. Las noticias que se nos agolpan, los correos sin leer y por contestar, el trabajo, el consumo. Todo rápido. Ya. Para ya.
No sé por qué, o sí, cada vez busco más la lentitud de las cosas, la maduración, la calma. Yo mismo soy más paciente.
Parece que corremos, sin aliento, hacia la meta sin disfrutar de nada en el camino. ☝️Siempre con la vista en lo siguiente, olvidamos el presente. 

Queremos llegar, en vez de envolvernos en la belleza que nos ofrece el trayecto.

Estar bien, sentirse bien, es poder imaginar ese mañana disfrutando placenteramente del ahora.

Entre el lunes y el viernes dedico todas las horas del día, despierto pero sé que también mientras duermo, a hacer y deshacer proyectos, números y cuentas de futuro, idas y venidas, revisar balances que nunca cuadran y solucionar lo inimaginable para que todo subsista. Pocos momentos de paz.
Este fin de semana, simplemente, salté a los campos de Minaya que todavía dorados guardan algo del verano. 
Sé que nada es igual, porque este año es diferente a todos, y no podemos hacer que los días sean iguales.
No importa lo que hagamos en la vida, unas veces las cosas salen de una manera y otras no salen de ninguna. Hay momentos en los que parece todo marcha según lo planeado y momentos en los que todo se cae.
Cuando te llenas de paz y esos pensamientos, veloces, simplemente se calman, te das cuenta de que la vida es siempre seguir adelante, por muchas dificultades que se pongan en el camino.

“¿Y de dónde procede, te preguntas, tu extraño desasosiego, tu sensación de estar desconectado y tu constante temor de que tú no signifiques nada? Es como si hubieses llegado hasta aquí a la deriva, sin ningún plan, excepto el de seguir vagando, pues solo eso parece seguro” (UCDM Capítulo 22 – I)

Quise abrir, al azar, mi libro de Un Curso de Milagros y simplemente escuchar. Se abrió por la página 523, donde tenía resaltado este párrafo que puede decirnos cómo nos encontramos cuando corremos y lo hacemos sin saber muy bien a dónde vamos.


👉El éxito requiere la capacidad de cada uno de seguir adelante.


¿Qué es ese maldito éxito para cada uno? El éxito de conseguir más, el éxito de acaparar más, de tener más parece que tuviera que ser la columna vertebral de cualquier vida.
Obsesión por el éxito.
El éxito real no es tener más, pero parece que desde pequeños nos educan así.
Y si no tienes la mejor casa o la cuenta bancaria más abundante ¿qué? ¿has fracasado?
Entonces llega la depresión, la ansiedad, la frustración.
El verdadero éxito consiste en estar a gusto y, casualmente, normalmente, eso no te lo da el dinero, ni el coche mejor, ni tener diez empresas. Te lo da la tranquilidad, la Paz.


☝️ Apreciar lo que somos, lo que tenemos y llevar una dirección correcta, es mucho más admirable que el deseo y obsesión por acumular bienes materiales o prestigio social, poder.


Si miramos alrededor, veremos cómo aquellos que se preocupan más por los demás, que son solidarios y se sienten bien con lo que tienen, son más felices. Algunos les lanzamos críticas o los tildamos de conformistas, cómodos; simplemente lo que hacen es disfrutar el momento presente, de Ser.


Conozco a muchos obsesionados por el éxito, por la acumulación, por el tener, por el ‘ser’. Puedo asegurar, incluso por experiencias pasadas, que son los que más sufren.


El éxito, tras esos años que llevo a mis espaldas, tengo claro que consiste en ESTAR BIEN.
El camino es lento, importa la actitud en el recorrido.
☝️ El éxito es vivir como uno desea. Ser uno mismo. Ilusionarse con esos pequeños detalles.
Se cuenta, según la historia que Alejandro Magno quiso tener un encuentro con Diógenes, que vivía en un tonel. De hecho, este era una de sus pocas pertenencias. Unos lo consideraban un perro y otros un sabio. Cuando Alejandro Magno se presentó ante él, le hizo conocedor de su admiración y entablaron una conversación. Alejandro se dirigió a Diógenes diciendo: “Pídeme lo que tú quieras. Puedo darte cualquier cosa que desees, incluso aquellas que los hombres más ricos de Atenas no se atreverían ni a soñar”.


Diógenes tenía la oportunidad de cambiar su vida de forma radical. De vivir en un palacio, de gozar de fortunas. Sin embargo, su respuesta no fue la que todos hubiéramos esperado. Diógenes le respondió: “Por supuesto. No seré yo quien te impida demostrar tu afecto hacia mí. Querría pedirte que te apartes del sol. Que sus rayos me toquen es, ahora mismo, mi más grande deseo. No tengo ninguna otra necesidad y también es cierto que solo tú puedes darme esa satisfacción”.


Se dice que Alejandro afirmó que “si no hubiera sido Alejandro, me hubiera gustado ser Diógenes”. Para Diógenes el éxito era estar tranquilo y disfrutar de los rayos de sol, para Alejandro era la ambición desmedida por conquistar más y más tierras.
De lunes a viernes somos Alejandro y muchos tenemos el privilegio, el fin de semana, de convertirnos en Diógenes.


El siguiente paso sería conseguir que nuestra vida, cada día, tuviéramos lo suficientemente claro lo que queremos, a dónde queremos ir y despertásemos a buscar ese verdadero éxito que es, simplemente, estar tranquilo y disfrutar de los rayos de sol: SENTIRTE BIEN.

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