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Día 99: Vieja anormalidad.

El cielo azul, deja que la luz del sol inunde esta habitación, en esta casa, desde que ha amanecido hasta estas horas que me pierdo entre las páginas.
 
La temperatura va en aumento, es el inicio de este verano que no se pretende normal, como no lo ha sido el resto del año.
 
El sábado es como el día de descarga, de esa especie de desconexión. Agolpo pensamientos e ideas que, a partir del domingo, voy dando forma o tirando a la basura.
 

☝️ Si somos capaces de cuidar el presente, el futuro se cuidará solo.
Mi salud mental, me impide ver mínimamente la televisión aunque, reconozco, en los fines de semana veo algo más.
 
Ahora, el machaqueo constante es el término de la nueva normalidad. Comienzo a estar hasta las narices de escuchar y leer esta mentira.
 
Mi pregunta está siendo la misma durante todos estos días: ¿qué nueva normalidad? A lo mejor lo que estamos, o volvemos, o entramos, es en la vieja anormalidad.
 
No veo, en absoluto, que nada sea nuevo. 
 
👉 Los que somos gilipollas seguimos siendo igual de gilipollas; los chillones y los amargados continúan estando igual de amargados.
 
👉 Están los que se quejan por todo, que no dejarán de hacerlo; esos otros, que viven en una especie de buenísimo guay llueva o truene.
 
Ya no escucho aplausos a las 20 h. desde hace tiempo y los de las cacerolas de Núñez de Balboa no duraron más de una semana.
 
Ahora, por lo que veo, parece está de moda en el mundo ir tirando estatuas, como si eso significara vencer algo. Tirar una estatua es darse por vencido.
 
Y me he enterado también, que noticiar una y otra vez tu condición sexual, es romper una anormalidad cuando, realmente, la verdadera normalidad es no generar anormalidad.
 
¿A quién, a estas alturas de la vida, le importa la condición sexual de P o Pa?
 
☝️Tengo la sensación de que somos incapaces de vivir en normalidad la vida.
 
Jamás sabremos, y parece increíble, los fallecidos reales que ha habido en estos tres meses por culpa de la pandemia; como no sabremos, tampoco, otras muchas cosas que han pasado en este país y en el mundo, cuando lo normal debería ser: conocer la realidad. Depende de quién o para quién, de que interés o desinterés, se ofrecen unos u otros datos; se enjuicia o critica a unos y a otros.
 
Y es verdad, al menos eso me parece a mi, que ni salimos más fuertes, ni mejor. Muchos salen más pobres, más débiles y vulnerables; otros más enfadados; aquí parece, que lo único que ha cambiado es que hemos perdido a más de 40.000 compatriotas por el camino.
 
➡️ Salimos igual de irresponsables y, si cabe, más divididos.
 
Los egos no dejan de estar. Siguen.
 
Por un momento pensé que íbamos a aprovechar todo este tiempo, de alarma, de confinamiento, de  esa semilibertad que llega a su fin, para ser más nosotros, para cambiar.
 
Pero no. Nos vence el ego.
No somos capaces de estar en Paz; ni con nosotros ni con los demás.
 
“Amigo sabio ¿sentías momentos de tristeza y desánimo antes de alcanzar la iluminación? Sí, a menudo. Y ahora, después de alcanzar la iluminación ¿sigues viviendo momentos de tristeza y desánimo? Sí, también, pero ahora, no me importa”. 
 
Esta breve enseñanza Budista, encierra el secreto para saber estar en una paz verdadera. ¿Cuál es el concepto mismo de la paz? Tal vez ese sea el problema. Lo entendemos como algo ajeno a la experiencia del día y a día. Esto la hace lejana, difícil. Como mucho podemos encontrarla en algún momento, en este mundo frenético. Según esta enseñanza,  el problema no es lo acelerado del mundo sino nuestro descontrol mental basado en una idea egocéntrica de uno mismo. 
 
☝️ Nos gusta la anormalidad. Nos hemos acostumbrado a ello.
Estoy seguro, que muchos de nosotros hemos encontrado momentos de paz en estos tres meses. Momentos que no solo han sido beneficiosos para nuestra salud mental sino también física. Momentos que han sido beneficiosos para los cercanos que nos rodean. Pero en cuanto nos han abierto la puerta,  hemos preferido salir corriendo al ruido, a llenarnos de actividades, luchar por tener el cuerpo ´perfecto´, o ser ´los más cultos´ y volver a un nivel de confusión mental que, aunque no nos demos cuenta (o no queramos darnos cuenta) provoca un desequilibrio tal que no podemos estar en paz. 
 
☝️ La normalidad es simplificar nuestra vida, encontrar y hacer aquello que sintamos más honesto en nuestra conciencia y contribuir al bienestar común. La transparencia. De esta manera estaremos utilizando nuestra vida individual para un bien colectivo. 
 
Nisargadatta lo expresa así:
“en lugar de buscar la paz que no tiene, encuentre aquella que nunca perdió.”

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