Coaching, coachingDVida, Filosofía, Liderazgo, Política

Día 93: Crispación.

Como sin pensarlo, pero si desearlo, hemos despertado a otro domingo que ya, en estos momentos, prácticamente terminamos.
 
Los domingos son esos días de la semana en los que me entrego, en la mañana, a leer la prensa con un poquito más de atención. Algo que he llevado a rajatabla en estos meses de ‘Alarma’, sobre todo en la cuarentena inicial, fue no dejarme invadir por noticias más que en el inicio del día. Como todos sabemos, desgraciadamente, el colapso de datos negativos diarios, en el inicio, nos provocaban más ansiedad e incertidumbre de la debida y, si además sumábamos, el desconcierto generado por los propios gestores de la situación, superados por los acontecimientos, unos y otros, en un lugar u otro, esto podía multiplicarse por diez. Todo, gracias a todos, ha ido y va a mejor; que vaya a mejor no quiere decir, sinceramente, que hayamos vencido nada ni acabado con nada.
 

Como decía, los domingos me entretengo un poco más en analizar lo que dicen unos y otros, sus posibles intenciones, sus estrategias.
 
🔴 CRISPACIÓN. Me voy al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y encuentro que el significado de esta palabra es acción y efecto de crispar o crisparse. Con lo que, seguidamente, busco el significado de la palabra Crispar y me dice que es, por un lado, causar contracción repentina y pasajera en el tejido muscular, en cualquier otro tejido de naturaleza contráctil, o en una parte del cuerpo y, por otro, irritar o exasperar a alguien. 
 
Creo que a nadie, hoy, con un mínimo de inteligencia o pensamiento crítico, incluso sin ninguna de las dos cosas, simplemente con sentido común, se le escapará que ha quedado mas que reflejado en estos meses que la estrategia de los partidos políticos españoles, más allá de personalismos (que también), está por encima del interés de los ciudadanos y, desgraciadamente, se ha hecho patente en momentos tan graves como los que hemos vivido y vivimos.
 
Todos, y digo todos, buscan su beneficio electoral (poder) a costa de, en muchos casos, la gestión negligente de aquello que realmente hemos necesitado, que no ha sido más que sentir unidad, sensibilidad y fortaleza ante uno de los problemas más graves que ha vivido nuestro país.
 
Solo los ayuntamientos, los municipios, con independencia de colores, pero sin duda siempre más cercanos al vecino, a sus problemas reales, al pie de calle, nos han dado ejemplos de unidad ante la adversidad.
 
A partir de ahí, pasando de la administración regional a la nacional, todo han sido ‘peleas de gallinas o gallos’ (perdón por el uso de la comparativa), mientras el Covid avanzaba llevándose por delante a miles de compatriotas (y por cierto, porque todo hay que explicarlo, por si a alguien se le ocurre llamarme facha por utilizar este término: compatriota es persona de la misma patria que otra). 
 
La gestión no ha sido buena, pero no sabemos quién la hubiera hecho mejor o si, realmente, se podía haber hecho mejor con los medios que se contaban. Lo cierto es que, a los que les ha tocado gestionar una situación de tal calibre, en una administración u otra, son los que habían sido elegidos para ello. Gobernar no es solo estar para darte baños de aplausos, gobernar es mucho más; gobernar es liderar en tiempo de adversidad. Lo fácil lo sabemos hacer todos.
 
Dedicaré algún artículo, más amplio, al liderazgo en tiempos de crisis. Hoy puedo adelantar, que he reconocido a pocos líderes políticos en esta adversidad. Casi diría que me han generado más sorpresa, aquellos que sin pretensión de serlo lo han demostrado. Pero lo más preocupante, al menos para mi, es que ninguno de los que lideran fuerzas políticas representativas en el Estado, ha estado a la altura de líder.
 
Evidentemente, que les va a importar a ellos que un tipejo como yo escriba esto en su blog. Es cierto. Les importa un carajo lo que pensamos el resto de ciudadanos o yo; en muchos casos, han demostrado que lo único que les importa es mantener su poder,  por encima de solucionar realmente las carencias que hemos sufrido.
 
☝️ ¿Tan difícil es, que las dos grandes fuerzas políticas de España, se pusieran de acuerdo por el interés de sus ciudadanos en algo tan importante como es la salud y la superación de una crisis de este calibre? 
 
➡️ Si no ha ocurrido ahora no ocurrirá jamás.
 
👉 Con crispación no se salvan vidas y tampoco se crea empleo.
 
No he sentido esfuerzo, por ninguna de las partes, para entenderse, para consensuar.
 
Hemos vivido una excepcionalidad social, política, económica y emocional. Aun así, se ha buscado la crispación trasladada al resto de la sociedad como estrategia para tapar las deficiencias de los que están ahí.
 
Se da un muy mal ejemplo.
 
☝️ Una sociedad crispada es una sociedad sin futuro.
 
Enfrentamiento continuo, ese agotador “y tú más”, ¿a dónde nos lleva? A la división social. 
 
Pero, por qué no nos paramos a pensar por un momento ¿a quién o quienes interesa todo esto?
 
¿A quién interesa que en cada reunión de amigos, de familia, se termine por discutir de política mientras que los que verdaderamente están para ello, no solucionan nada?
 
☝️ No se trata de buscar culpables de los errores, se trata de aprender y solucionar.
 
☝️ No se trata de estar removiendo y agitando continuamente el avispero para tapar vergüenzas, se trata de asumir responsabilidades y sumar fuerzas.
 
➡️ Los partidos, las ideologías, no pueden estar por encima de las personas.
 
Pensemos, por favor. No seamos rebaño. Opinemos. Analicemos lo que está ocurriendo y a dónde se nos pretende llevar.
 
“El Congreso de los Diputados es la casa de la palabra pública, el lugar al que deberíamos confiar el libre concurso de ideas, argumentos y razones, y de un tiempo a esta parte se ha convertido en un escenario grotesco donde vemos una versión desfigurada y atroz de nosotros mismos” dice Diego S. Garrocho Salcedo (Madrid, 1984), profesor en el Área de Ética y Filosofía Política en la Universidad Autónoma de Madrid y autor de ‘Sobre la nostalgia’.
 
Y apunta que “la crispación es una forma de temeridad política en democracia”. Añade que “si la política tiene como vocación agregar voluntades e integrar colectivamente distintas sensibilidades e intereses, la crispación es una voladura controlada de ese propósito, un fracaso de la inteligencia y una renuncia de las maneras propiamente políticas. La crispación es también un síntoma de la calidad moral de aquellos que la protagonizan y la alimentan”.
 
Uff. ¿Le importarán a alguien estas reflexiones?
 
Todos los días hago la misma pregunta: ¿Hemos aprendido? Pero hoy he descubierto otra: ¿somos capaces de aprender? Si no somos capaces de aprender, es imposible que aprendamos nada. Y luego está eso de que si cada uno, individualmente, aprende un poquito, podremos ponerlo en común colectivamente.
 
Que los que nos dirigen traten de crisparnos, no quiere decir que los ciudadanos debamos de hacerlo.
☝️ Estamos obligados a pensar y reflexionar y, en su momento, elegir, sin crispación.
“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y de la forma correcta, eso ciertamente, no resulta tan fácil” 
Aristóteles

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s