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Día 92: Estar

Digamos que cada uno de los días de esta semana han sido extraños.

 
Digamos que llego al sábado bastante cansado,  incluso de escribir.
Digamos que eso de pensar tanto es un exceso en algunas ocasiones.
Digamos que lo físico influye, indudablemente, en lo mental.
Digamos que vivo en un sin fin de contradicciones.
Digamos que si no duermo un poquito más en el fin de semana, la semana próxima estaré bastante más jodido.

Ayer un amigo, que ha superado el Covid tras estar hospitalizado y bastante grave, nos contaba todo lo que se le pasó por la cabeza cuando le hospitalizaron. Pensaba que podría no salir de allí.
 
Toparse con la muerte. Haberla sentido de cerca.
 
Hubo un momento en el que, cuando tenía todos esos respiradores puestos, según decía, y escuchaba cómo una enfermera, apretándole la mano, le pedía que aguantase; comenzó a despedirse mentalmente de todas esas personas que quiere. Estaba consciente. No quería cerrar los ojos porque, no sabía si volvería a abrirlos.
Se preguntaba una y mil veces que si morir era eso.
¿Qué es morir?
 
Darte cuenta de que ayer eras ese ser inmortal y que hoy, simple y sencillamente, puedes cerrar los ojos y no volver a abrirlos jamás. No volver a ver a todas esas personas que te importan. No volver a escribir nada.
 
De todo esto que está pasando, que nos está pasando, no podemos salir igual.
 
Es imposible que así sea. Si alguien piensa que  podemos seguir siendo los mismos,  es que no tiene responsabilidad vital para sí.
 
Ahora huimos de esas multitudes, que hace unos meses muchos buscaban con el ánimo de arroparse un poco más en ese ruido inalcanzable.
 
Esto no ha terminado.
 
En mis escritos tartamudos y carentes de sentido, en la mayoría de las ocasiones, no trato de convencer a nadie de nada, ni siquiera trato de convencerme a mi.
 
Tampoco escribo para nadie más que para acompañarme a mi.
 
Escribo por necesidad y desahogo; a veces, simplemente para escuchar en el silencio ese sonido de la pluma en contacto con el papel.
 
He descubierto que es una buena compañía y que el papel todo lo soporta.
 
Aquí dejo atrapado el tiempo, la vida, y no todo lo que pienso queda, porque no todo lo que digo es.
 
☝️ Sentarse frente a una hoja en blanco, cada día, no deja de ser un ejercicio físico vital que se convierte en espiritual.
 
Y a mi me gusta porque me hace sentir vivo.
 
Ayer no escribí porque no tuve tiempo para hacerlo, porque no se puede hacer todo a la vez, y hoy no me siento en paz.

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