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Día 65: soy Gruñón.

Por fin esos rayos de sol, que han dejado limpio el cielo de nubes y nos han inundado despertando así un día, por fin, de primavera.
Caminar temprano, en los horarios establecidos. Hace unos meses, a la misma hora del mismo día de la semana, no te cruzabas con nadie. Ahora tienes que ir esquivando a uno y otro; ese otro y uno también te esquivan a ti. Nos esquivamos. Todos queremos mostrar al otro que somos conscientes, responsables. Todos sabemos que por cruzarnos a una mínima distancia no ocurre absolutamente nada. Pero quedan fenomenal esos quiebros en las aceras. Nos hacen sentir bien.
Hoy pensaba que soy una persona algo insoportable, que además empeoro con la edad. Lo reconozco. Cuando escribo esto, de poco soportable, lo hago en términos generales. Uno puede decir de sí mismo, tiene el derecho,  aquello que le plazca. Nos molesta más que lo digan los demás.
Para mis amigos, esos pocos buenos que a uno le acompañan en el camino, para mi familia, aunque no me lo recuerden muy a menudo, soy un gruñón. Siempre estoy gruñendo. No dejo de gruñir por todo.
Evidentemente los genes, son los que son. Tal vez mi padre, mi abuelo. Somos de gruñir, muy manchegos,  de Albacete, de Minaya, y de no callarnos nada, lo que provoca, de vez en cuando, meter la pata.
La sinceridad, en ocasiones, nos molesta. Hay que escuchar más y callar.
Creo que por eso, porque no a todo el mundo le gusta que digamos lo que pensamos, cada vez escribo más y hablo menos.
Hablo menos, porque las palabras se van en el momento y quedan solo a la interpretación y el recuerdo de quien escucha; escribo más, porque no se pierden y siempre, vaya por caso, para bien o para mal, se puede volver a lo escrito. Lo escrito, escrito está.
 
Antes hablaba mucho más. Ahora escucho. Me encanta escuchar. De vez en cuando opino, pero cuando veo puedo generar cualquier debate conflictivo, prefiero echar marcha atrás y callar. No merece la pena.
❇️ Prefiero ser feliz a llevar razón. Así de sencillo.
 
En estos días, por ejemplo, opinar de política puede suponer el enfado entre unos y otros. Cada uno tenemos nuestra forma de ver las cosas, nuestras ideas, y todas las opiniones son igual de respetables.
☝️ Los mismos hechos para ese de ahí, no significan lo mismo que para aquél de allí o para mi.
👉La diversidad de opiniones enriquece la sociedad.
Nadie está del todo en posesión de la razón.
Estamos viviendo un momento de sensibilidad importante. A lo que antes no se le daba importancia,  ahora se le da. Cualquier comentario sobre un tema que tenga que ver sobre el momento que estamos viviendo, genera una discusión con opiniones, en muchos casos razonables, en otros disparatadas. Depende siempre de para quién.
Aun así, yo me sigo preguntando ¿qué es lo realmente importante en este momento? ¿las ideas? No, al menos para mi. En estos momentos, lo verdaderamente importante es la gestión del problema, de la adversidad que vivimos.
Tal vez yo, ignorante de mi, incluso siendo lo gruñón que afirmo ser, siempre he buscado el equilibrio, el consenso como base de encuentro para solucionar cualquier conflicto. Aquellos que me conocen saben que es así. Huyo de cualquier conflicto o discusión ideológica. Tengo mis ideas, bastante particulares, y respeto muchísimo las de cada uno. Por eso, tal vez, me encuentro tan feliz en una institución, en la que estoy,  donde conviven personas de diferentes ideologías políticas, trabajando por un fin u objetivo común.
➡️ Se pierde demasiado tiempo discutiendo sobre ideología. Prefiero los hechos, las acciones.
Hechos.
👉Los optimistas también perdemos el ánimo por momentos.
Sé que todo se supera. Lo sé. Depende de no caer, de mantenernos en pie, cueste lo que cueste.
➡️ Valor y coraje.
 
➡️ Determinación y paciencia.
¿Y si todos remásemos juntos, en una misma dirección? ¿Verdad que llegaríamos antes?
Los mayores, nuestros mayores, están siendo los grandes sufridores de esta situación que estamos viviendo. Pensaba esto mientras leía algunas opiniones, entre nuestros dirigentes, que piensan que deben estar confinados más tiempo que el resto de la población.
El Estado tiene que garantizar que nuestros mayores, nuestros padres y abuelos, puedan salir a la calle cuanto antes y con total garantías y seguridad. Cuánto antes. Lo necesitan.
Gracias a ellos, todos estamos aquí. Gracias a ellos hemos superado crisis y desgracias. Su forma de ser, su educación, sus creencias, su austeridad, ha hecho que cuando este país, o muchos de sus ciudadanos, hemos estado pasando putas, ellos hayan sacado de donde no hay para hacerse cargo de familias enteras.
Ni podemos dejarlos encerrados por más tiempo, ni mucho menos en peligro, sin medios para atenderlos como merecen, porque su edad sea más avanzada que la del resto.
👉 Sin los padres y los abuelos muchas familias estarían totalmente desestructuradas o rotas. Son los verdaderos pilares de las familias.
Reflexiono mucho sobre qué será de esta sociedad cuándo esta generación, los mayores de 70 años, no esté. Puede ser un auténtico desastre.
En otros países, la edad es un grado. Aquí, con responsables políticos que han pasado de la escuela infantil al escaño (mi máximo respeto para todos ellos) y luego a las responsabilidades de gobierno, parece que es un defecto.
Si los gobiernos (nacional y Comunidades Autónomas), y oposición, hubieran estado en manos de personas de edad, experimentadas y curtidas en mil batallas de la vida, otro gallo cantaría.
Pero estamos en manos de ‘polluelos políticos’.
Añoro mucho, desde esta mediana edad que me llena de canas, a políticos como Suárez, Felipe González, Julio Anguita (fallecido ayer, DEP), Mariano Rajoy o Rubalcaba. Y seguro hay muchos más que han pasado por ayuntamientos o Comunidades Autónomas.
Repito. No hablo de ideas. Hablo de liderazgos sólidos, de forma de ser, de sangre.
Me entristece que, tras más de 60 días, no hayamos sido capaces de llegar a un solo acuerdo en este país.
En fin.
“Hay dos maneras de engañarse. La primera consiste en creer lo que no es verdad, la segunda consiste en negarse a creer lo que es verdad”
Soren Kierkegaard
Buenas noches

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