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Día 33: cambio social.

Otro día (por ayer) que ha amanecido oscuro, tormentoso. Ha llovido algo. Una lluvia que limpia de suciedad el ambiente, cada día más limpio, pero que no consigue limpiar esa maldita pandemia, ese virus hijoputa que nos tiene a todos en vilo y en cierto desequilibrio.
Los datos mejoran, pero esto va para largo.
Los gurús oportunistas, catastrofistas, comienzan a vaticinar caídas de la economía descomunales, que no hacen más que negativizar el estado en el que viven muchas personas.
Es cierto que hay que informar, que hay que comunicar, que hay que transmitir verdades, pero no opiniones -en este caso catastrofistas- que provocan el desánimo en ciudadanos que, en estos momentos, no solo están confinados, sino que no pueden generar ingresos en sus familias. Su única esperanza es que esto acabe cuanto antes y volver a la normalidad o, al menos, la cuasi normalidad.
👉 La esperanza, en estos momentos, es importantísima.
No podemos evitar, que la forma en la que percibimos nuestro futuro, condicione la experiencia o situación que vivimos el presente.
Si vemos un futuro fastidiado, sin esperanza, sin posibilidades de desarrollarme, al menos como lo hacía, me va a provocar un estrés en el presente.
➡️ Tener una mínima proyección hacia un futuro estable cambia nuestro estado presente que, de por sí, en este momento, circunstancialmente, es complicado.
➡️ La esperanza nos genera fuerza interior, nos potencia nuestra confianza en nosotros y también nuestras posibilidades.
 
Lo que sí es cierto, lo hablaba esta mañana con unos compañeros en una reunión online, es que la sociedad, el mundo, queramos o no, va a cambiar.
Va a cambiar nuestra forma de pensar.
Va a cambiar nuestro modo de relacionarnos.
Va a cambiar el modelo de ciudad.
Va a cambiar la política y la geopolítica.
Va a cambiar la sensibilidad con lo público, con el valor a ciertos servicios, no solo la sanidad sino otros muchos, como puede ser el Ejército o las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado,  que antes no solo no se valoraban sino que, en algunos casos, se menospreciaban.
Es curioso cómo muchos, en estos días, estamos conociendo a nuestros vecinos. El sentido de la vecindad se había perdido completamente. Todos tendíamos al individualismo, a la competencia.
Es muy cierto que esta situación pone nuestras vidas patas arriba. Es un punto de inflexión,  independientemente de nuestro deseo de que esto termine tanto antes. Cuando esto termine tendremos un mundo diferente.
 
Todos tenemos que hacer una cura de humildad.
Muchos, no solo hablo de personas, hablo de organizaciones, empresas, países, nos las dábamos de ser los mejores, los más potentes, y ha quedado demostrado que no es así.
El manejo de esta pandemia va a provocar, sin duda alguna, la caída de gobiernos de todo signo político en todo el mundo, en el momento en que están siendo cuestionados por sus ciudadanos en el manejo de esta pandemia.
Vamos a encontrarnos con una sociedad más solidaria, menos individualista y un cambio de prioridades, en lo personal, que debería ser indiscutible.
Deberíamos volver a poner en valor el sentido universalista de la Ilustración.
Asumir nuestra fragilidad y vulnerabilidad y pensar en que hay cosas mucho más importantes que la economía.
Cambiará, o debe cambiar, nuestro modelo de consumo y producción; se deben buscar sistemas mucho más sostenibles que genere ventajas no solo medioambientales sino socioeconómicas.
Debemos aprender mucho de esta crisis, y si no lo hacemos, estoy seguro que la próxima será mucho más fuerte hasta que aprendamos o acabemos con nosotros.
Esta pandemia está removiendo los cimientos de la sociedad y nos hace salir de la zona de confort en la que vivíamos.
Nuestras prioridades han saltado por los aires. Ahora la prioridad no es tener un smartphone nuevo, es tener salud.
➡️ Tenemos la oportunidad de cuestionarnos sobre quiénes somos y qué tipo de sociedad queremos.
 
Creo que es el momento de volver a pensar más en las personas, crear un mundo para la convivencia personal, en equilibrio, que marque el futuro de las generaciones venideras. Una sociedad que piense más en los demás.
Y de todo ello se escribirá y se hablará mucho pero, comienza a ser una realidad.
Me gustaría que esos aplausos diarios no se quedaran solo en el hoy ni en el mañana, que continuásemos con ellos por mucho tiempo y no olvidásemos todo lo que ahora, cada uno de nosotros, estamos aprendiendo.
Buenas noches.

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