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Día 29: El bambú.

Tenemos sol en este silencio poco poético. Silencio de cuarentena, donde poco o nada podemos disfrutar de estas calles que ahora veo desde la ventana. ¿He dicho poco? Diré que nada.
Comentaba con un amigo, esta mañana, que poco a poco nos vamos acostumbrando a este método de vida, casi más ordenado y rutinario. Ha pasado prácticamente un mes, con picos arriba y picos abajo. Con ciertas incertidumbres, incoherencias y contradicciones, algunas no marchan. Momentos de enfado, de desolación. Poco a poco hemos ido dominando el tiempo.
Te das cuenta en estos días, porque lo analizas y sientes más, de lo importante que es el tiempoy la gran cantidad que se pierde diariamente, en nuestra vida ‘normal’: en ir, en venir, en ir a otro lado otra vez, en hablar, en comer, en mirar el teléfono, en volverlo a mirar, en hablar de lo mismo una y otra vez…
➡️ Tiempo, es justo lo que no tenemos y tiempo es, casualmente, lo que solemos dejar marchar.
Cada uno de nosotros elegimos nuestro estilo de vida y en ello ocupamos nuestro tiempo.
Unos tal vez queramos abarcar muchas cosas y en ello dediquemos demasiado tiempo para poco resultado; otros prefieren no abarcar más que lo justo y tener un tiempo para ellos, con el mismo resultado. Es el eterno debate, el tiempo.
A mi, estos días, me falta tiempo. Es verdad, no tengo niños pequeños como puede ocurrir en otras familias. Cierto. Tal vez si así fuera, también me faltaría, pero no podría ocupar ningún espacio para mi. He conseguido que el tiempo no me doblegue, no me aburra. No dejo pasar el tiempo y me estoy acostumbrando a ello. Rindo más, estoy más organizado, soy más paciente y puedo dedicar espacios a cuestiones ajenas a lo profesional. Creo estar más ordenado. Todo depende de nosotros.
➡️ El tiempo bien utilizado termina por dar frutos. Como decía ayer (👉lee aquí: ‘Día 28: Paciencia’)todo requiere paciencia.
Todo es tiempo, todo es perseverancia, para conseguir aquello que queremos. Hoy, y digo hoy, todo requiere de tiempo.
Me viene a la cabeza, sobre esto, o no sé por qué, un cuento zen que tiene que ver con el tiempo, con la paciencia, con los deseos. Se titula ‘El bambú japonés’. Tal vez lo conozcas, aun así merece la pena incluso volver a leer.
Dice:
“No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.
También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas: “¡Crece, maldita seas!” 
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes. Siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas estériles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un periodo de sólo seis semanas, la planta de bambú crece… ¡más de 30 metros! 
¿Tarda solo seis semanas en crecer? 
¡No! La verdad es que se toma siete años para crecer y seis semanas para desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú genera un complejo sistema de raíces que le permiten sostener el crecimiento que vendrá después. 
En la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que este requiere tiempo. 
Quizá por la misma impaciencia, muchos aquellos que aspiran a resultados a corto plazo abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es tarea difícil convencer al impaciente de que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado. 
De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estamos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante. 
En esos momentos (que todos tenemos), recordemos el ciclo de maduración del bambú japonés. Y no bajemos los brazos ni abandonemos por no ver el resultado esperado, ya que sí está sucediendo algo dentro de nosotros: estamos creciendo, madurando. 
No nos demos por vencidos, vayamos gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que nos permitirán sostener el éxito cuando éste, al fin, se materialice. 
El triunfo no es mas que un proceso que lleva tiempo y dedicación. Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros. 
Un proceso que exige cambios, acción y formidables dores de paciencia.”
➡️ Todo es tiempo. La espera es tiempo.
Nunca hay que abandonar.
Estos días que ya llevamos, confinados todos, los habrá que los han dado por perdidos pero otros, entre los que me incluyo, tratamos de utilizarlos para crecer hacia abajo, hacia dentro, con la única intención de que cuando estemos otra vez fuera, en ese ‘infierno atronador’, tengamos la fortaleza suficiente como para volver a crecer hacia arriba rápidamente.
 
Habremos caído seis, siete veces; levantémonos ocho. Tenemos la oportunidad de volver a levantar.
Continuar creciendo. Tenemos mucho que aprender todavía, solo necesitamos tiempo. Aprovechémoslo.
Ya nos queda menos.
Feliz noche amigos.

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