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Día 23: de cierta nostalgia.

Las nubes van y vienen. Es abril.
Hoy despertó el sol, pero de vez en cuando se ha visto interrumpido por esos algodones de cielo, que lo buscan, como cada uno lo hacemos desde nuestras ventanas.
Y así también va y viene nuestro ánimo, mientras espera, ahí, mirando desde ese rectángulo de aluminio y cristal con la esperanza de recuperar pronto esa libertad de vivir.
Trato de ser todo lo positivo que puedo, pero también sé que no solo no soy de piedra, sino que en mi interior se esconden esos pensamientos que guardan negatividades, con los que lucho cada día, pero que a momentos se escapan.
➡️ El optimismo es vida y vivir sin optimismo es como morir sin vivir. 
Tener ilusión, tener ganas, buen talante. Es lo que toca ahora.
Ese intento de no leer ni escuchar más noticias que las de la mañana; noticias que no aseguran nada y lo ponen todo en duda.
 
➡️ No es posible observar la realidad con los mismos ojos que antes.
 
Si dejamos que la mente vague libremente, sin control, se nos puede ir y hacernos caer en la tristeza. Es lo primero que he pensado hoy, al despertar, mientras escuchaba temprano esos pájaros cantar que me hacían recordar los despertares en Minaya, en el campo.
Un campo que ahora añoro, como ese único rincón del universo donde realmente siento paz. Ahora, en el tiempo, en la lejanía, recuerdo cada momento, cada pensamiento, mientras el sol caía en lo lejano y el porche me abrigaba convirtiendo el espacio en algo sobrenatural.
Muchos abandonaron los pueblos y ahora, en estos momentos, confinados en las cuatro paredes de los pisos, en estas ciudades, los añoran.
Yo no solo no lo he olvidado sino que lo vivo, lo entiendo como mi casa y sueño simplemente con estar, con despertar, salir al patio y respirar; con caminar entre las lindes, descubrir esas piedras que los últimos cincuenta años no se me han mostrado; con dejarme arrancar la piel, por esos vientos que despeinan los trigales o volver al fuego del atardecer, cuando el cielo se incendia de colores, hasta que lo apagan ese ejército de estrellas que, en la noche, bailará alrededor de la luna, al compás del silencio que nos ha de vencer.
Hoy es hoy, y no es mañana.
No sabemos qué nos deparará el mañana pero hoy, en este momento que la tristeza me embarga, en este momento que abrazaría, hasta meter en mi, a todas esas personas que quiero; en este momento en el que nuestra libertad está condicionada y la valoramos más que nunca, como esas pequeñas cosas; en este momento quiero pensar que, aunque sea hoy, todo esto pasará y volveremos a Ser, sin olvidar que este tiempo se fue, pero quedó como esa gran lección del vivir y del sentir, para que no volvamos a dejar marchar ni aliento ni fin.
Me preocupa que está desapareciendo el tiempo. Vivir con la lentitud. He olvidado prácticamente las prisas. Vivo más despacio. Todos vivimos más despacio. Lento.
Vivimos agazapados, como a la espera de que llegue ese enemigo, que nos llame a la puerta y vencerle de una puñetera vez. Y salir. Salir inmunes, sin heridas. Nos convencemos de que así será, que no pasa nada, que es una mala gripe de esas que también pasarán.
➡️ Con nuestras dudas vamos alimentando nuestros temores y así, con ello, el miedo.
➡️ Estar sereno frente a la adversidad es una manifestación de la grandeza del alma.
 
Controlar nuestro estado de ánimo se convierte en un reto diario pero necesario, no aconsejo dejarse llevar por él.
➡️ Si tu estado de ánimo te controla, controlará también tu conducta.
 
En días así, de cierta nostalgia, lo mejor es terminarlos.
Feliz noche.

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