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‘Día 15: Reflexiones desordenadas.’ por JL Moreno Coach

Es el día 15 de estado de alarma, sábado, y no me apetecía mucho sentarme a escribir por aquí. Es un sábado como otro cualquiera salvo porque ahora sí que uno tiene prohibido salir a la calle.
Despertar pensando que esto no puede estar pasando. No se me va de la cabeza este pensamiento. ¿Pero, esto es real? Lo es.
El sol nos acompaña desde el amanecer y eso hace el día más llevadero. Todo depende de nosotros.
 
 
Llego a la conclusión, yo mismo en mi existencia,  que lo más sensato es racionar las noticias que vemos. Lo hago. Solo me permito leer la prensa por la mañana y, como mucho,  el telediario del medio día. Hasta el día siguiente evito conocer más. Las noticias, el exceso de información, crea una especie de adicción obsesiva por saber, por conocer, por auto entristecernos. Corremos riesgo, también, para la salud, si estamos constantemente pendientes de la última hora.
Por lo que hablo con amigos, algunos, estos días se cansan de todo; de tele, de libros, de prensa. Qué poca cosa somos. ¿Verdad?
Por cierto que, si no lo han hecho ya, en estos momentos que vivimos, recomiendo ver una película que está en Netflix: ‘La Trinchera Infinita’. Aquello sí era confinamiento, por obligación. O vivías escondido, en huecos diminutos, o morías. Es parte de la historia de este país y una realidad de cómo lo pasaron muchos en aquél entonces. Esta realidad nuestra, de ahora, también será motivo de libros y películas para cuando nuestros hijos sean mayores.
Mi teoría, que llevo a rajatabla hasta hoy, es no parar, no dejar de hacer cosas, lo que sea: leer, escribir, estudiar, caminar por el pasillo, proyectar para un futuro aunque mucho quede en papel para siempre. ¿Quién sabe?
Escuchar el silencio. Algo que no estamos acostumbrados a tener en nuestro día a día. Estos días, en las ciudades, se escucha el canto de los pájaros, el bajar y subir persianas, el abrir ventanas.
Recordar. Recordar todos esos momentos positivos vividos y sentir el deseo de volverlos a vivir.

Hagamos del presente, aunque sea en estas circunstancias, nuestro momento perfecto.

Baila, si tienes la oportunidad de hacerlo; no esperes  a mañana para llamar a esas personas que quieres, familiares o amigos. Abre esa botella de vino que guardabas para otro momento.
Sonríe y respira profundamente.
Deja que tu espíritu brille.
Esta catástrofe nos debe servir para recordarnos lo frágiles que somos. Desgraciadamente esto se nos olvidar en cuanto pasa un tiempo de paz y bienestar.
Debemos de celebrar cada día y no olvidar a aquellos que ya no podrán hacerlo.
Tal vez nos enfrentemos a las causas de nuestra codicia, de nuestros excesos. Habrá que cambiar de hábitos ¿no? No tenemos certeza del futuro que nos espera. Solo tenemos el presente.
 
Observemos, entendamos y construyamos una respuesta.
Somos responsables de nuestro destino.
 
Tal vez estemos delante de una gran oportunidad y no nos estemos dando cuenta.
Crisis es igual a cambio y crecimiento.
 
Asumo esta pandemia como un retiro. No estamos cómodos, sentimos incertidumbre, miedo. Es un entrenamiento de resilencia y liderazgo personal, como comentaba ayer.
Busquemos el lado positivo, no dejemos de hacerlo cada día.
Todo tiene sus lecciones positivas. La mayor que nos vamos a llevar, es la de la humildad. Reconocer nuestra fragilidad es reconocer que el individualismo es frágil, sólo desde la suma de todos se puede ganar una batalla.
Feliz noche

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