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Pelar una granada…

La constante fórmula del tiempo. ¿Qué es una hora para nosotros? ¿es lo mismo una hora más que una hora menos?
¿Cuánto podríamos hacer en una hora y qué poco hacemos?
¿Cuántas horas perdemos?
Disfrutamos alimentando nuestras desgracias.


Creo que últimamente, a todos, nos falta demasiada paz; tal vez esa paz que solo somos capaces de encontrar en nosotros y por ello, en ocasiones, dejamos en manos de lo externo que nos llegue. ¿Y qué suele ocurrir? Que no llega.
No sé cuánto tiempo hacía que no pelaba una granada. No lo hacía por vaguería, por no mancharme las manos, por no perder tiempo en ello. Optaba, simplemente, por no comer de sus excelentes y beneficiosos granos.
Me traje dos del pueblo, de ese árbol que acompaña el patio. Hoy, hace un rato, me he tomado un tiempo en pelarlas, antes de que se echaran a perder, y extraer esos granos rojizos. He sido consciente en todo momento de lo que hacía; lentamente, en silencio. Y he estado en paz, conmigo y con el mundo. He estado en paz porque he conseguido olvidarme de todo. Ese instante me ha hecho ver, nuevamente, dónde estoy.

Saber dónde se está es tan importante como saber a dónde se quiere ir. Es más, es el primer paso para ir.

Es tan importante saber lo que quieres en tu vida que el hecho de no tenerlo claro, de no saberlo, te paraliza en el lugar y te hace perder un tiempo maravilloso, no solo para ti, sino también para todos aquellos que te rodean.
En el libro de Lewis CarrollAlicia en el país de las Maravillas, se encuentra el siguiente diálogo que viene que ni al pelo a mis reflexiones:
“- ¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí? 
– Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar. 
– No me importa mucho el sitio. 
– Entonces tampoco importa mucho el camino.”
Si no sabemos donde queremos ir da igual lo que caminemos, ni si lo hacemos.
Debemos ponernos en valor. No pensar en lo que puedan pensar los demás, si encajas o no con el resto. Acepta tus diferencias. Decide.
Tenemos que decidir. Decidir es escoger aquello que parece mejor, aquello que creemos es lo mejor que podíamos hacer. No sabemos lo que ocurrirá, tampoco si otra alternativa hubiera sido mejor. No pensemos en ello.
La única alternativa a decidir es quedarnos parados y no decidir.
Si no decides desde luego que no te equivocarás nunca.
No te lamentes. Mira hacia delante siempre.
Debemos desear aquello que podemos conseguir. En ocasiones deseamos cosas imposibles y eso termina con nosotros, nos genera ansiedad y frustración.
Tu prioridad es saber lo que quieres.
Cuando llegas a cierta altura del camino. Cuando has caído tantas veces que prácticamente ya no te apetece andar, en ese momento es en el que más claro debes tener aquello que quieres, a dónde quieres llegar en el tiempo que resta.
Simplemente debe haber una prioridad: Paz. Tener Paz Interior y ser consciente del Presente.
Pelar una granada puede resultar algo absurdo, tan absurdo como que muchos no la comen por no hacerlo.
Ese simple hecho, hoy, a mi me ha generado mi momento de paz. Me ha provocado estar conmigo, con nadie más.
Terminaré  con uno de mis textos de cabecera, el Dhammapada.
El Dhammapada (PāliPrácrito: धम्मपद Dhamapada; Sánscrito धर्मपद Dharmapada) es una escritura sagrada budista en verso tradicionalmente atribuida a Buda Gautama. Es uno de los textos más conocidos del Canon Pali.
El título es un término compuesto de las palabras “dhamma” y “pada”, cada una de las cuales tiene varios significados y connotaciones. En general “dhamma” hace referencia a la “doctrina” de Budda o a una “verdad eterna” o “virtud”, y “pada” significa literalmente “pie” y en este contexto puede traducirse por “camino” o “verso”.
Este es uno de esos libros que forman parte, junto a otros, de los libros esenciales que recomiendo leer a todo aquél que esté dispuesto a saber, a conocer, a aprender lo que los sabios nos dejaron de esencial  como aplicación para el día a día de nuestras vidas. También es uno de los libros, de esa pequeña biblioteca esencial, que dejaré a mi hijo para si alguna vez quiere asomarse por sus páginas, y al menos entender o tener pensamiento crítico, sobre lo que es la vida y sus decisiones.
Y hoy, casualmente, he abierto por el capítulo XVII que lleva por título La Ira.
Y dice:
Abandona la ira.
Abandona el orgullo.
Cuando no tienes apego
por lo que tiene nombre y forma
estás más allá del sufrimiento.
La ira es una carretera sin control.
Aquel que controla su ira naciente
es en verdad un buen conductor.
Los demás solo agarran las riendas.
Con bondad vence al mal.
Con gentileza vence a la ira.
Con generosidad vence al odio.
Con la verdad, a la mentira.
Habla con la verdad,
da todo lo que puedas
y… ¡no te enojes!
Estos tres pasos te llevarán
a la presencia de los dioses.
Los sabios no hacen daño,
son maestros de su cuerpo
y han roto las ataduras:
están más allá del dolor.
Aquellos que buscan la perfección 
vigilan de noche y de día,
hasta que los deseos se desvanecen.
Escucha, esto no es nuevo,
es tan solo un viejo refrán:
“Te critican si estás en silencio,
te critican si hablas mucho,
te critican si hablas poco”.
De todas maneras te critican.
El mundo siempre halla manera
de alabarte y maldecirte.
Siempre ha sido así.
Siempre será.
¿Pero quién se atreve a maldecir
al hombre que los sabios respetan,
aquel cuya vida es virtuosa y buena?
¿Quién maldice un moneda de oro
que se ha encontrado en el río?
Concentrado en el conocimiento
hasta los dioses lo admiran.
Hasta Brahma lo alaba.
Cuídate de las iras del cuerpo.
Domínalo, sé su maestro,
deja que sirva a la verdad.
Cuídate de las palabras iracundas.
Domina todas tus palabras, 
deja que sirvan a la verdad.
Cuídate de las iras de la mente.
Domina tus pensamientos, 
deja que sirvan a la verdad.
Sabios son aquellos que dominan
el cuerpo, la palabra y la mente.
Estos son los verdaderos maestros.
Aquél que no lo haya leído le invito a dejarse llevar por El Dhammapada. El camino de la Verdad.
 Venga, mañana amanece otro día.

3 comentarios en “Pelar una granada…”

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