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Miedos…

Uno de mis maestros, el filósofo estoico Séneca, me recuerda en uno de sus textos que “hay más cosas que pueden asustarnos que aplastarnos; sufrimos más a menudo en la imaginación que en la realidad”. 
Los miedos son, la mayoría de las veces, fruto de nuestra imaginación y son esos miedos los que nos pueden paralizar o bloquear o, por el contrario, animar en la prudencia a caminar.

El miedo se vence caminando.

Es difícil, cuando algo nos importa, cuando ponemos ante nosotros un reto, sea personal, sea profesional, siempre vital, no tener miedo. Normalmente, como decía también mi amigo Aristóteles, aquel que no siente miedo suele pecar de imprudencia. Lo difícil, claro está, es controlar nosotros al miedo y no que el miedo se apodere de nosotros.
Es curioso que, normalmente, los miedos suelen provenir de pensamientos, creencias, sobre aquello que ni siquiera ha sucedido ni, posiblemente, sucederá nunca. Son predicciones, previsiones fantasiosas que nuestra mente inventa para tratar de dejarnos en esa supuesta vida de confort, cómoda, despreocupada y poco arriesgada. ¿Vida? ¿Se vive sin riesgo o simplemente se mal vive?
 
Últimamente, cuando aparece uno de esos miedos en mi vida, en momentos en los que comienzo un proyecto personal que es importante para mi, en vez de pensar en lo peor busco lo mejor.
La esperanza siempre se contrapone al temor y, cada vez que pienso que algo puede ser complicado o difícil, solo pienso que será lo mejor. Y esa es la diferencia entre aquellos que caminan y llegan a dónde quieren llegar, de aquellos que nunca llegan a ningún sitio. Esa es la diferencia entre los que triunfan en cualquier ámbito de su vida y los que quedan simplemente esperando que llegue el final de sus días sin pena ni gloria.
No debemos dejar que el miedo condicione nuestras vidas, que anule la voluntad de conseguir aquello que deseamos. El otro día me venía un pensamiento parecido. Contra el miedo ilusión y confianza.
 
No debemos tener miedo ni siquiera a sufrir, ni a sentir ese vacío que a veces nos embarga, o insatisfacciones o a ser incomprendidos. Déjate llevar. Aprende a enfrentarte a tus emociones aunque a veces sean desagradables o incómodas.
La distancia entre donde nos encontramos y donde queremos estar puede ser milimétrica para unos e inmensa para otros. Milimétrica porque el deseo te hace tocarla o inmensa porque el miedo te impide ni siquiera alcanzar. Convierte en milímetros la distancia, el camino será mucho más fácil.

El día que entendamos que lo único que nos vamos a llevar es lo que vivimos, a lo mejor ese día comenzaremos a vivir lo que verdaderamente nos queremos llevar.

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