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Busca tu espacio vital!

A veces, por el motivo que sea, descentrarse no sólo no es malo sino que llega a ser positivo y saludable.

Todos andamos locos con esa rutina habitual: trabajo, la ciudad, más trabajo, los hijos, los problemas, las preocupaciones, el estrés… Y posiblemente en lo que menos pensemos, tal vez porque no lo hacemos nunca, sea en nosotros.

A lo mejor ha llegado el momento, como propósito,  de intentar enfrentarnos a la vida de una manera más simple y plena.
No creo debamos renunciar a nada, pero sí creo debemos comprometernos con alguien muy especial: con nosotros.

Comprometernos con nosotros, al menos para algunos, no es tarea fácil. Todo es querer, todo es disciplina, todo es Ser; todo es atender lo importante y todo es disfrutar de esos momentos que, al fin y al cabo, son los que van generando Vida en nosotros.

Todos somos difíciles. Todos tenemos nuestros problemas que, para cada uno de nosotros son los más importantes del mundo. Pero al final todos somos iguales porque todos somos seres complejos que tendemos a complicar todo, a crearnos necesidades ficticias y a acumular bienes y objetos. Cuando tomamos la determinación de comprometernos con nosotros, de darnos espacio, de ser nosotros por encima de todo, nos entran los miedos, las dudas y vemos dificultades donde no las hay. 
Es difícil, pero no imposible.
Todo es un proceso y, en este caso, el proceso consiste en pensar detenidamente qué significa para nosotros SER y TENER.
Os pongo un ejemplo. El fin de semana pasado, en el que no he escrito, no he leído los periódicos, no he visto la televisión ni mucho menos escuchado las noticias, no he atendido a los correos ni he estado pendiente del móvil, en ningún momento más que para lo esencial, me he dado cuenta que a veces solo hace falta un empujoncito, un paso, un compromiso, para apostar por ese espacio que es tuyo y es el que quieres tener.
Nuestro día a día está lleno de ruidos, de prisas, de presiones del entorno, trabajo, familia y amigos. Parece que vamos en volandas por el mundo. Nos levantamos, ponemos el piloto automático y no lo apagamos hasta que nos acostamos y, en algunos casos hasta durmiendo estamos rumiando preocupaciones y problemas. Esto supone un desgaste personal que puede llegar a generar ansiedad o la misma depresión.
Vivimos en una ansiedad permanente y, por poner uno, el ejemplo más palpable de ello, lo tengo comprobado, es que la gran mayoría de nosotros, hombres, tiramos de la cadena antes de terminar de hacer pis. Sé que puede sonar grosero o absurdo, no lo es. A mi me pasa. Esto es fruto de la ansiedad, de las prisas.
Actualmente nuestra esperanza de vida es la más prolongada de la historia de la humanidad pero, en cambio, todos repetimos eso de: no tengo tiempo de nada. Parte de nuestra infelicidad radica en esa ansiedad.
¿Y a dónde voy con esta parrafada? A la necesidad vital de preocuparnos por nosotros, de apostar por nosotros, de Ser nosotros y no tener miedo a nada más que a sentir lo importante de la vida como lo que es. No es egoísmo, es Ser. Más tarde que pronto, espero lo más tarde posible, todos moriremos. Podemos morir habiendo vivido, habiendo apostado por nosotros, o habiendo dejado que otros nos lleven por donde quieren que vayamos.
Soy el primero que dice, lo escribo, que no es fácil. Pero soy el primero que me he comprometido a sentarme, parar y buscar ese espacio mío, para mi, para compartirlo conmigo, o con quien me de la gana compartirlo, y Ser.
Buscar tu espacio no es aislarte en una cueva o una cabaña, que tampoco quiero decir que de vez en cuando no sea enriquecedor. Buscar tu espacio es decidir Ser, priorizar, caminar por donde tu quieres caminar y no por donde te indican que camines, disfrutar del trayecto, sentarte cuando te apetece y llevar en la mochila lo justo, lo que te enriquece como Ser, te aporta y te hace crecer.
Aligerar nuestro día a día, ordenar nuestra vida. No podemos controlarlo todo en todo momento, no podemos estar preocupados por todo y por todos.
 
Debemos priorizar: debemos distinguir lo que nos importa, lo principal de lo accesorio. Reconocer qué es lo que de verdad nos importa y anteponerlo a cualquier otra cosa.
Debemos relativizar: Damos mucha importancia a todo lo que nos ocurre pero realmente tampoco hay tantas cosas que sean tan importantes. Paremos y respiremos.
Debemos ordenar los valores: distinguir lo bueno y lo positivo que nos depara cada día. Abordar las cosas como vienen. Encontrar lo positivo de todo ello y no buscar las dificultades.
Debemos ser congruentes: actuar con valentía, honestidad y congruencia ante cualquier situación. Debemos atrevernos.
Debemos renunciar al control y al perfeccionismo: la vida es impredecible y también muy imperfecta. Nosotros somos imperfectos. Yo soy el más imperfecto de todos. No podemos estar controlando todo en cada momento. Hay momentos en la vida que las circunstancias aparecen tal vez como no nos gustaría que apareciesen. ¿Y qué? Vamos a ello. Caminemos aunque en un principio el camino esté lleno de cantos en punta. Si lo superamos, con nuestras imperfecciones, llegará la calma.
Debemos reírnos: y lo dice alguien que ríe poco pero reconozco que cuando lo hago me lleno de gloria. Hay que tomarse la vida con sentido del humor. Así podremos relativizar todo lo que nos ocurra. La risa es una manera de distanciarse de los problemas y de enfocarlos con algo más de objetividad. Ríete.
Encuentra tu espacio personal. Ese lugar o espacio de tiempo que te dediques exclusivamente a ti y a conectar contigo, con quién eres y con lo qué necesitamos.
Estoy en ese momento. Estoy en el momento de parar y mirarme sin enjuiciar el pasado, disfrutar del regalo que el presente me da, mirando hacia ese futuro que quiero.
La vida, en ocasiones, te pone retos encima de la mesa. Los retos unos los ven como oportunidades otros como obstáculos. Nunca he creído que nada sea fácil, es más, he tratado de enseñar -reconozco con poco éxito- a mi hijo que nada se consigue sin esfuerzo en lo personal y en lo profesional.
Un reto, también, es apostar por uno mismo cueste lo que cueste, haya que superar los obstáculos que haya que superar… ese camino, ese trayecto marcará, sin duda, el futuro de nuestra existencia.
No emprender el camino, no apostar por nosotros, es posiblemente lo más cómodo, pero también, a ciertas edades, una forma de dejarnos ir.
En fin, y todo esto para proponerte Buscar Tú espacio. Yo estoy en ello.

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