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El origen de los males está en nuestro interior.

Tenemos necesidad de paz y espiritualidad.  La espiritualidad limpia del ruido de lo cotidiano. El silencio nos llama desde el interior del Ser.

Sin paz mental es muy difícil encontrar la paz en lo que nos rodea.

Hemos comenzado mes, nos acompaña un invierno frío pero lleno de luz y creo que llega ese momento en el que debemos comenzar a ver el mundo tal como es y no como nosotros queremos que sea.

Queremos controlarlo todo y esto termina por convertirse en una pérdida de tiempo porque es imposible. Ese intento solo genera angustia porque siempre nos queda la sensación de que llegamos tarde y nos queda algo por hacer.
¿Por qué no caminar en el presente, como si tal cosa? Lo que venga ya vendrá.
Debemos apreciar la grandeza de nuestras vidas como verdadera inspiración.
Es muy difícil que seamos felices si no valoramos nuestro momento presente o no estamos satisfechos con nosotros mismos.
La insatisfacción, la frustración, nos la genera el querer más y más, el no estar satisfecho nunca.
De qué nos sirve tener si nosotros no Somos. Cuando hago esta reflexión me refiero a esas situaciones en las que hemos llegado al privilegio de tener (casa, coche, trabajo, coche, casa, reconocimiento…) pero nosotros no nos sentimos satisfechos con nuestro ser esencial. Esto suele tener un motivo más o menos global: vivimos buscando el éxito. Y esa búsqueda de éxito no es nuestra, es a la que nos llevan los demás y nosotros nos dejamos llevar. Llevamos caminos que tal vez no sean los nuestros y, por eso, no nos generan la satisfacción mas importante para la Paz interior, nuestra verdadera felicidad, el éxito interno.

Tal vez la mejor terapia para ser feliz sea no esforzarse demasiado en serlo.

Es momento de parar, de sentir que respiramos, que escuchamos y vemos. Es momento de agradecer desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. La belleza de Ser, de lo que tenemos, de quiénes somos.
Siempre he dicho, creo que lo he escrito de una manera u otra infinidad de veces, que el más infeliz es aquel que aprecia lo que no tiene.
Nada es fácil en estos tiempos que corren. Pero no lo hagamos más difícil.
Tal vez lo más difícil sea no resbalar y caer al suelo. Es lo que pienso en estos días de frío ventoso, aunque a veces lo que realmente me viene a la mente es que lo verdaderamente difícil es elegir el camino a seguir. Elegir por donde vamos, la dirección adecuada. Si vas en buena dirección las caídas son más fáciles de superar.
Nos influye todo lo externo, lo que nos rodea y, sin darnos cuenta, aunque queramos escondernos en ese caparazón inexistente, todo va acumulándose de una manera u otra en nuestro interior.
Nadie, y digo nadie, puede ser ajeno, ni lo es, al sentir del otro, y hablo del otro como esas personas que en el día a día nos rodean.
Sé que algunos tenemos la imagen de personas distantes, tal vez egoístas o ajenos, pero no es así porque quiero creer que pocos o nadie puede ser así.
El individualismo es un fracaso social porque todos somos uno y todos estamos conectados de una u otra manera. La máxima energía se genera en grupo, no individualmente.
A veces trato de apartarme, trato de esconderme de los demás para evitar estar preocupado por todo constantemente. pero es difícil, aunque reconozco lo intento. Sé que uno de mis defectos, de los muchos, siempre ha sido ese, provocar una imagen de no estar cuando siempre he estado y estoy.
He llegado a la conclusión, como muchos, que soy una persona emocionalmente sensible hacia dentro, con excesivas debilidades, y emocionalmente fuerte hacia fuera.
Tendemos a etiquetar nuestro estado emocional. es una cuestión mental. Buscamos separarnos de los demás porque socialmente es algo más ‘vendible’ o ‘aceptable’, es la competencia, es la hipocresía del ‘yo soy’, cuando lo que realmente necesitamos es de los demás para subsistir: de su calor, de sus palabras, de su compasión, de saber que están.
El origen de todos nuestros males está en nuestro interior.
Simplemente debemos de agradecer, recuperaremos nuestro Ser.

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