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Vivir el Tiempo!

Posiblemente sobre lo que más reflexionamos, sobre todo al pasar cierta edad, sea sobre el tiempo. La nostalgia nos acorrala o simplemente  somos más conscientes de la cuenta atrás.
Pensamos en el poco tiempo que tenemos o en el mucho que perdemos. Pensamos en el poco tiempo que dedicamos a lo importante y en lo mucho que dedicamos a lo superfluo.
No dejamos de anotar tantos y tantos propósitos y que deberíamos haber cumplido en el pasado.
Ahora que contemplamos con emoción el tiempo en las canas y arrugas de los padres, nos damos cuenta, con emoción, el poco tiempo que dedicamos a sentirles, a escucharles o, simplemente a mirarles.
Cuánto privilegio tener a tus familiares cerca y qué poco valor le damos. Nos enternece cuando escuchamos o leemos historias de familias que, por circunstancias, viven separados en la distancia y en el tiempo, y no pueden verse más que a través de una pantalla del ordenador. Y qué poco valor damos otros a lo nuestro.
En días se recuerda a los que no están y nos miramos dentro con un profundo arrepentimiento de no haber dedicado más tiempo a verles, a hablarles.
Leía un articulito sobre este tema: “¿cuántas horas te quedan con tus seres queridos?”. Qué pedazo de pregunta. Qué sabe nadie cuanto tiempo nos queda, pero qué sabe nadie, también, cuánto tiempo queda a aquellos que nos importan.
Entonces, por qué si podemos, por qué mientras estemos vivos ¿no dedicamos más tiempo a mirarles y sentirles? Por qué algunos, que tenemos el privilegio de la cercanía, no encontramos nunca tiempo para Estar y en cambio si encontramos tiempo para envolvernos en el ruido.
No nos paramos a pensar en lo frágiles que somos, en que no somos permanentes. Todo es impermanente y todo tiempo perdido no se vuelve a recuperar.
Uno lleva en su mochila, con los años, un cúmulo de culpas que le van pesando y de las que cada vez se le hace más difícil desprender. Tal vez una de las culpas que más pesa sea la del tiempo. El tiempo mal aprovechado, mal atendido. El tiempo desperdiciado, ese que no vuelve. El tiempo no dedicado a esas personas importantes y dedicado a esas otras cosas que, al fin y al cabo no lo eran o son. Porque sólo con el tiempo te das cuenta que todo puede esperar menos aquello que importa.
 
Pero somos egoístas hasta con nosotros. Creemos que somos dueños del tiempo, del ritmo y de la vida. Pero no lo somos. La vida se nos va. Se nos escurre entre los dedos y aquel niño que era, en cuanto te das cuenta es un hombre del que te has perdido muchos momentos. O aquel amigo que tenías y que no ves con la excusa de ‘no tener tiempo’. O esos padres a los que los años van pesando y que cuando menos  se habrán marchado no habiendo sentido el tiempo.
El tiempo vale mucho más que el dinero, el tiempo es vida.
¿Por qué no despertamos de una vez? ¿Por qué no vivimos de otra manera? Se puede vivir de otra manera. Se puede vivir valorando el tiempo. El tiempo es amistad, es amor, es solidaridad, es vida. Al igual que nos dedicamos a perder el tiempo fácilmente, podemos dedicarnos a recuperar momentos de tiempo excelente.

Nunca es tarde, ahora es el momento de vivir el tiempo.

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