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Cambiar de gafas…

Parece que uno no escribe lo que debería, tampoco lo que puede. El tiempo, maldito tiempo. Los viajes. La falta, en momentos, de ganas; la capacidad de desahogo que también merma. La primavera que llega, tímida, buscando el lugar de la luz.

Las vidas que llevamos no son nada fáciles. Pero ¿quién tiene una vida fácil? Desde que nacemos hasta que morimos estamos peleando, pedaleando sin parar, luchando por todo, desde un trozo de pan hasta ese pequeño aparcamiento lo más cercano posible a la oficina.
Y así parece no dejamos de vivir en una amargura constante o, por el contrario, sonreír a cada día que vivimos. Esa es nuestra responsabilidad. Sonreír y mirar la vida tal y como viene. La responsabilidad es el motor de nuestras vidas. Claro que el sufrimiento forma parte de estas vidas nuestras, pero podemos elegir por qué vivir y por qué sufrir.
Vamos por la vida como si a nosotros, solo a nosotros, nos haya castigado. No es cierto. La vida es como es y como tal debemos afrontarla. Culpamos a los demás de nuestros males sin hacernos responsables de nuestra propia culpa.
Vemos todo tal y como lo queremos ver. Pero ese no es el mundo real, es el mundo que percibimos. Acostumbramos a ver a los demás tal y como nosotros lo fabricamos en nuestro interior. Queremos que el mundo por el que caminamos, que el resto de los mortales, sean tal y como nosotros queremos, no como son en realidad. Si no es así, si no son así, nos enfadamos, nos disgustamos. Vemos una realidad incierta, irreal, porque miramos con los ojos equivocados.
Si nos cambiamos de gafas, si nos graduamos la vista, si limpiamos los cristales, veremos la realidad que a veces queremos esconder.
En circunstancias difíciles o situaciones adversas cada uno actuamos o nos enfrentamos a ello de forma diferente.
Unos sacan lo mejor de sí, rinden y salen adelante; otros se hunden, se bloquean o paralizan, o simplemente se dejan llevar por la amargura.
Lo que les hace diferentes es el cristal a través de como miran, de cómo ven. Lo que les hace diferentes es la Fe, las creencias.
No conozco a nadie que no haya sufrido momento o circunstancias de desequilibrio. Dignas momentos dramáticos. Conozco a pocos, o ninguno, que no lo haya superado.
Cuando nos enfrentamos a esas desgracias, que podrían ser insalvables, salimos a flote prácticamente siempre. Tendemos a superar el dolor. Somos resilentes. Es en esos momentos en los que localizamos aquello que verdaderamente importa. O lo hacemos o nos hundimos.
Aceptamos lo que no podemos cambiar, nos adaptamos y nos agarramos a una actitud positiva que nos potencie. En caso contrario nos hundimos.

Toda adversidad es un reto o desafío. 

Todo está en el control de la mente, es lo que nos hace mirar de una determinada manera.
 
Todo fracaso humaniza.

La vida puede cambiar cuando dejas de competir, de exponerte para recibir reconocimientos, cuando dejas de juzgar o criticar a los demás y aceptas tu momento, lo que te sucede y te enfocas en mejorar como persona y como SER.

Si cambias de pensamientos, cambiaras de realidad: tu realidad.

Y sí, como soy así, terminemos con un temazo de  uno de esos grupos que forman parte de mi banda sonora particular: Sidonie – Maravilloso

2 comentarios en “Cambiar de gafas…”

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