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Momentos de filosofía.

Tomo café temprano, a primera hora de la mañana, viendo cómo despierta para algunos el día, con las prisas de siempre y los ruidos innecesarios de la jornada.

Una caminata bajo un cielo nuboso, pero con una temperatura realmente agradable. Todo ello pide calma pero llama al lunes, a la semana.

La caminata hasta el despacho me da pie para pensar y filosofar sobre esta vida nuestra, lo bueno o menos bueno hecho hasta ahora, lo mucho que haríamos o queda por hacer. Porque el Ahora es el Ahora, y siempre podemos tomar la decisión de seguir haciéndolo como hasta ahora, mal o menos bien, o por el contrario cambiar para que en lo poco o mucho que nos quede, hacerlo en condiciones.
Los lunes, es verdad, suelen aparecer llenos de filosofía y reflexión; de pensamientos, motivación e ilusión. Creo firmemente que es porque la mente aprende a descansar con la desconexión del fin de semana, y llega a este día más libre de espantos.
La tarde el domingo viaja más al pesimismo. Se ha preparado la agenda de la semana y parece que falta tiempo o aparecen esos problemas de no fácil solución. Y entonces te armas de valor y te dejas abrazar por los grandes amigos del pensamiento, por el bueno de Séneca o mi querido Montaigne, por el desconfiado Spinozalas meditaciones del emperador Marco Aurelio o el cálido Curso de Milagros. Todos te hablan susurrantes al oído. Te piden les escuches, que te calmes y serenes porque nada es como parece, nada.
Descubrir en el pensamiento de esos sabios filósofos qué es la justicia, la moralidad o la vida buena. La filosofía es luz sobre la vida cotidiana, el día a día. Todo es filosofía porque todo es saber.
De Séneca hablo a menudo por aquí, me acompaña siempre. Otro compañero que aconsejó es el colega Spinoza que por ejemplo, entre otras cosas, resalta esa conexión que existe entre nuestras emociones y la razón o mente. Estamos alegres porque mejoramos, o por el contrario, estamos mal porque nos damos cuenta de que vamos en picado, a nivel externo o interno.
Según Spinoza, no nos afecta lo que vemos, sino la imagen que tenemos de la cosa u objeto. Nos formamos una imagen interna que no tiene por qué ser real. Lo que nos afecta no es lo que sucede,  sino nuestra percepción o interpretación de lo que sucede.
¿Os recuerda algo?

El problema es cómo enfocamos lo que vemos, la idea que nos hacemos de lo que sucede. 

Aprender a gestionar y controlar nuestro pensamiento y emociones nos hará cambiar nuestra vida.
¿Por qué no pensamos mas?
Mira lo que hoy me dice Montaigne

“… así como cuando está el brazo levantado para golpear nos duele si no halla el blanco y da en el aire; así como para que una mirada sea placentera no ha de estar perdida y extraviada en la vaguedad del aire sino tener un fin que la sostenga a distancia razonable.” 

Algo que repito infinidad de veces y que parece que todos sabemos, pero que normalmente nos olvidamos,  es que todo depende del punto de vista como miraremos las cosas.
Tal vez generemos problemas donde no los haya y/o dejemos sin resolver, o mal resueltos, aquellos que verdaderamente lo son, por falta de atención.
Lo que sí está claro es que nunca es tarde para aprender,  nunca es tarde para corregir la dirección en el camino, pero para ello debemos descargarnos de aquello que en forma de culpa, en forma de pasado, nos limita a ver la realidad como realmente es.
En estos lunes de inicio de semana, tras las lecturas de ayer, me pregunto: ¿de qué sirve todo esto? ¿Para qué de todo lo que hacemos? ¿Todo podría haber sido diferente?
Creo que somos nosotros mismos los que nos aprisionamos. ¿Todo podría haber sido diferente? Sí, o no. Pero si estamos seguros que realmente queremos hacerlo diferente, a lo mejor lo primero que debemos hacer es cambiar nuestro modo de percibir, calmar nuestra mente y escucharnos.
Pensemos, reflexionemos, meditemos, busquemos dentro. Hoy podemos comenzar a hacer las cosas de manera distinta.
Desde hace algún tiempo los domingos para mi no son como eran. Ahora, cuando llega la noche, me escondo en esa ansiedad que me consume y suplica termine cuanto antes dejando pasar el lunes.
Los lunes son ese comienzo, ese primer paso, ese día que nos impulsa a la semana llena de propósitos, objetivos y tareas que cumplir. No dejemos que llegue el sábado arrepentidos de no haber hecho nada. Demos un primer paso, aunque sea pequeño.
No importa dónde estemos, no importa lo bien o mal que hayamos hecho. Importa que estamos aquí y ahora. Y el aquí y el Ahora, siempre es un primer paso.

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