coachingDVida, Espiritualidad, UCDM - Un Curso De Milagros

Hablando de Un Curso de Milagros…

Continuo leyendo, entre otros textos espirituales, y entre otros libros que me obliga placenteramente el trabajo, Un Curso de Milagros (UCDM).
Un Curso de Milagros es mucho más que un libro azul, voluminoso, al que te enfrentas en ese momento en el que realmente estás preparado para hacerlo. Un Curso de Milagros es un manual de vida al que puedes agarrarte, del que puedes disfrutar reflexionando o, sencillamente, descubrir que la realidad de lo que ves es simplemente lo que tu mente ordena que veas.
 

Un Curso de Milagros te enseña que depende de tu percepción el cómo veas el mundo que te rodea y ese mundo que percibimos es absurdo porque lo miramos con miedos, con culpa, con ideas o creencias preconcebidas o limitantes.

Leer este libro puede cambiar tu percepción y alterar tus creencias. Libro espiritual que se basa en una concepción no dualista de la realidad adoptando la filosofía del perdón.
Este libro, curiosamente denostado por muchos, ha cambiado la vida a millones de seres humanos. Ha sido traducido a 25 idiomas y se ha convertido en el soporte de muchos que, de forma individual o reunidos en grupo, tienen la necesidad de ir en busca de una vida con propósito.
Es un texto complicado, que yo leo lento, tranquilo y en los momentos en los que la mente me permite la reflexión y la meditación.
Es un camino espiritual. En sus más de 1400 páginas, se despliegan frases y ejercicios a los que puede acceder quien quiera realmente aprender, practicar y aplicar en su vida diaria cada una de sus lecciones.
El Curso se compone de tres libros: El Texto, que es algo así como la base teórica, el Libro de Ejercicios y el Manual para el Maestro. Es publicado por primera vez por la Fundación para la Paz Interior, en junio de 1976. Las personas que lo han escrito no se reconocieron como autores. Ellos dicen que sólo trascribieron aquello que les fue dictado. Su certeza sobre esto radicó en que el contenido recibido fue tan profundo y revelador que ninguna mente humana hubiese sido capaz de poder crearlo.
Helen Schucman y William Thetford eran profesores de Psicología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Columbia. William trabajaba junto a Helen y, cansado de las discusiones que tenía, le dijo: “tiene que haber otro camino”. Le sugirió entonces a su colega que anotara los sueños de alto nivel simbólico que ella estaba teniendo.

Nuestra vida se transforma dependiendo de lo que hagamos cada uno con ella. 

Y sorteando obstáculos, superando las adversidades, enfrentándonos a problemas que muchas veces, o siempre, los producimos nosotros. Somos responsables de lo que sucede y no víctimas. Si nos creemos víctimas culpamos a los demás de lo que sucede y nacen las complicaciones.
En su día, hace mucho tiempo, adquirí este libro atraído por algún artículo o reseña, lo ojeé un poco y lo guardé. Está claro que no estaba preparado para su lectura, para enfrentarme a su sabiduría con la tranquilidad y paciencia que requiere.
Hace poco más de un año, aproximadamente, lo cogí como sin pretenderlo y leí su introducción nuevamente, despacio.
Las primeras líneas del texto dicen:

“Éste es un curso de milagros. Es un curso obligatorio. Sólo el momento en que decides tomarlo es voluntario. Tener libre albedrío no quiere decir que tú mismo puedas establecer el plan de estudios. Significa únicamente que puedes elegir lo que quieres aprender en cualquier momento dado.
Este curso no pretende enseñar el significado del amor, pues eso está más allá de lo que se puede enseñar. Pretende, no obstante, despejar los obstáculos que impiden experimentar la presencia del amor, el cual es tu herencia natural. Lo opuesto al amor es el miedo, pero aquello que todo lo abarca no puede tener opuestos.
Este curso puede, por lo tanto, resumirse muy simplemente de la siguiente manera:Nada real puede ser amenazado.Nada irreal existe.En esto radica la paz de Dios”

A partir de esas líneas no he dejado de leer, desde la tranquilidad que requiere, la reflexión y la meditación, cada una de sus páginas.
Estoy acostumbrado a leer textos filosóficos y espirituales, textos sobre budismo y advaita, textos sobre liderazgo y motivación, y puedo decir que este grueso libro azul, engloba mucho de toda esa filosofía que con el tiempo he ido absorbiendo.
Me queda mucho camino por recorrer y sin duda, si el tiempo lo permite, mucho que reflexionar y devolver sobre lo que voy aprendiendo.
Sé que puedo ser, o lo soy, uno más de todos esos raros o diferentes que caminamos por el mundo buscando nuestra propia espiritualidad y nuestra propia paz interior. Soy consciente de ello no porque me lo hayan dicho en infinidad de ocasiones, sino porque puede que no sea lo normal o habitual. Oye, cada uno se entretiene con lo que le apetece y todos somos seres contradictorios desde que nacemos. A mi particularmente, leer, meditar, escribir mal, o regular, sobre lo que aprendo, me hace bien. Y con eso es suficiente.
Curiosamente, cuando hablas con unos y otros, personas de diferentes esferas de la sociedad, ni más arriba ni más abajo, ni más ni menos formados, te encuentras con que no eres el único que tiene entre sus manos, que abraza, textos como este.
Este libro del que te hablo, por ejemplo, es nombrado y estudiado por personas que quizás te suenen como Deepak ChopraLouise Hay, y el fallecido Wayne Dyer. Hay personas que no solo lo recomiendan sino que lo divulgan y viven al 100%, como por ejemplo Jorge LomarSergi TorresNick ArandesSusana Ortiz, Rosa María Wynn, Enric Corbera, Diana Jaramillo y tantos otros.
Últimamente algunos de los bestSeller de autores españoles sobre liderazgo, desarrollo personal y motivación, como Rut Nieves y Lain Calvo también han tenido como fuente este texto.
Además, si das el paso de penetrar en Un Curso de Milagros, con toda la responsabilidad que conlleva pero también con toda la garantía de que te hará cambiar tu forma de pensar y ver las cosas, te recomiendo leas otros libros, a la par, que te harán más fácil la comprensión del texto como son: ‘La Desaparición del Universo’, de Gary Renard‘Un Curso de Milagros (fácil). Claves para entenderlo de forma sencilla’ de Alan Cohen que, de manera agradable y entretenida, te irán haciendo entender, pero también motivando, a la lectura de este extraordinario texto.
UCDM es un camino de vuelta a casa. Todos nos hemos perdido en alguna ocasión, nos hemos alejado del camino. Este texto te indica que si quieres, si lo deseas, puedes encontrar el camino de vuelta. Es curioso cómo el libro llega a las manos de las personas que lo leen, a tu conciencia, en un momento muy particular.
El texto es un estudio personal de despertar espiritual que nos enseña el camino hacia la paz interior y a encontrar el sentido. La curación y el bienestar en la vida.
Nada tiene significado excepto el que tu le das, es la primera Lección del libro de lecciones de Un Curso de Milagros. Nada significa nada más que el significado que tu le das. Si nosotros queremos cambiar las cosas tendremos que cambiar el significado que le damos a eso.
Como he dicho el libro se compone de tres partes: libro 1 texto, libro 2 ejercicios, libro 3 manual para el maestro. Hay quién comienza por las Lecciones (365) y va leyendo el texto a la par o hay quién, lee el Texto y va haciendo las lecciones. Mi recomendación es que te adentres en el texto poco a poco, lentamente, y una vez hayas avanzado, por ejemplo llegado al Capitulo 16 que ya te habrás familiarizado con el libro y formará parte de ti, comiences a leer, estudiar y meditar las lecciones. Creo que es la mejor forma pero, repito, cada uno puede hacer como quiera.
Un Curso de Milagros facilita tu trabajo interior. Tu búsqueda, encontrarte. Te hace responder a esa pregunta que todos nos hacemos en algún momento de nuestras vidas: ¿esto de qué va?.
UCDM es un marco que te muestra la verdad. El Curso te dice que eres más de lo que creías ser. Te ayuda a comprender y ser lo que somos, lo que realmente eres. Ser consciente. ¿Acaso somos conscientes de lo que queremos encontrar? Conocerte y deshacer. Volver, regresar, perdonarte.
No somos conscientes de que nuestra paz estará cuando dejemos de creer o percibir el mundo tal y como lo percibimos porque nos han hecho que así sea; de exigirnos cosas que posiblemente nunca podamos cumplir; de cumplir expectativas de otros que, posiblemente, al final no les importe nada. La paz interior se encuentra cuando a pesar de no esperar nada, tampoco desees nada.
UCDM te muestra la realidad cotidiana. Tu eres responsable de lo que ves y ves lo que quieres ver. Elijes lo que sientes, decides el objetivo u objetivos que quieres alcanzar. Todo lo que te sucede sucede porque lo pediste, no hay casualidades, todo tiene un propósito.
Todo lo que vemos en este mundo lo vemos porque queremos verlo. si vemos en negativo veremos el mundo en negativo. Tú determinas lo que quieres ver y cómo. 
Eres lo que eres y lo Eres.
UCDM no es un libro de lectura más. Sino toda una guía de sabiduría que puede acompañarte durante mucho tiempo, o toda la vida.
Te recomiendo leas este artículo (pincha aquí) con experiencias de 8 expertos del desarrollo personal que también tienen al peculiar libro azul como libro de cabecera,estoy seguro que te va a encantar.
He de decir que yo sigo estudiando y leyendo el libro, no lo he terminado ni sé cuando lo terminaré. No tengo prisa. Mientras tanto y entre otras lecturas, trato de ir llevando a la práctica, no sin dificultad, lo que aprendo, enseñar lo que creo puedo aportar a los demás y, por supuesto, recomendar su lectura junto con otros libros que, como los de arriba indicados, complementan el trabajo de auto aprendizaje vital.

“Consideras ‘natural’ utilizar tus experiencias pasadas como punto de referencia desde el cual juzgar el presente. Sin embargo, eso es antinatural porque es ilusorio. Cuando hayas aprendido a ver a todo el mundo sin hacer referencia alguna al pasado, ya sea el suyo o el tuyo según tú lo hayas percibido, podrás aprender de lo que ves ahora. (T-13.VI.2:1-3)”

Quiero compartir por aquí, para ayudarte a que conozcas un poco más sobre este texto, parte del contenido recogido en la obra escrita por Kenneth Wapnick “Una introducción básica a Un Curso de Milagros”, en la que dedica su primer capítulo a desvelar la Historia de Un Curso de Milagros:

 

Una de las cosas interesantes acerca de cómo llegó a ser escrito Un curso en milagros es el proceso mismo de cómo se escribió y la historia que lo rodea pues proveen un ejemplo perfecto de los principios básicos del mismo. El mensaje central del Curso es que la salvación llega en cualquier instante en que dos personas se unen para compartir un interés común o trabajar hacia una meta común. Esto siempre envolverá algún aspecto del perdón, sobre el cual hablaremos más adelante.

Las dos personas responsables del Curso en milagros fueron Helen Schucman, quien 
falleció en febrero de 1981, y William Thetford. Ellos eran psicólogos del Columbia-Presbyterian Medical Center en New York City, USA. Billz había llegado allí primero, en 1958, y era el Director del Departamento de Psicología. Helen se unió a él pocos meses después.

Durante los primeros siete años de su relación tuvieron muchas dificultades el uno con el otro. Sus personalidades eran totalmente opuestas. Aun cuando en un nivel trabajaban muy bien juntos, en el nivel personal existía una gran tensión y ambivalencia. No sólo existían dificultades debido a su propia relación sino que tenían dificultades con otros miembros del departamento, con otros departamentos del Medical Center, y en su trabajo en otras disciplinas con otros centros médicos. Era la atmósfera típica de una universidad o centro médico grande, y Columbia no era distinta a ningún lugar de estos.

El punto crucial surgió un día de primavera en 1965 cuando Helen y Bill tenían que cruzar la ciudad para ir al Cornell Medical Center, donde asistirían a una reunión interdisciplinaria corriente. Por lo general, estos eran asuntos muy desagradables llenos de rivalidades y ofensas, algo común en un medio universitario. Helen y Bill también formaban buena parte de ello, juzgando y criticando a otras personas. Pero este día, justo antes de partir para la reunión, Bill, que era un hombre más bien callado y modesto, hizo algo fuera de lo usual. Le dio un discurso apasionado a Helen en el cual le dijo que él consideraba que tenía que haber una mejor forma de manejar estas reuniones y la clase de problemas que surgían en las mismas. Sentía que tenían que ser benévolos y menos duros, en vez de ser tan competitivos y críticos. Igualmente inesperada y ajena a su carácter fue la respuesta de Helen. Ella estuvo de acuerdo y se comprometió con él a encontrar esa otra forma. Este acuerdo no iba con la manera de ser de ellos pues tendían más bien a criticarse que a aceptarse mutuamente. El unirse fue un ejemplo de lo que el Curso llama un instante santo y, como dije al principio, el instante santo es el medio hacia la salvación.

 

En un nivel del cual ninguno de ellos tenía conciencia, ese instante fue la señal que abrió la puerta a toda una serie de experiencias que Helen empezó a tener, tanto despierta como en sueños. Mencionaré algunas de ellas, las cuales tienen tanto una fuerte naturaleza psíquica como un fuerte aspecto religioso, puesto que la figura de Jesús empieza a aparecer progresivamente en forma regular. Lo que hacía de esto algo inesperado era la posición que Helen había adoptado en ese momento de su vida. Ella estaba en sus cincuenta y había asumido el papel de atea militante, disfrazando astutamente su amargo resentimiento hacia un Dios que ella consideraba no había obrado bien con ella. Así que era agresiva hacia cualquier clase de pensamiento que ella juzgara dudoso o ambiguo e incapaz de ser estudiado, medido y evaluado. Ella era una psicóloga investigadora muy buena. Tenía una mente aguda, analítica y lógica y no toleraba ningún tipo de pensamiento que se desviara de eso.

Desde que era niña Helen tenía cierta capacidad psíquica, como para ver cosas que no estaban ahí. Sin embargo, nunca le prestó mucha atención a eso, segura de que todos tenían esa habilidad. A una edad temprana tuvo una o dos experiencias místicas impactantes, a las que tampoco les prestó mucha atención. De hecho, apenas había mencionado hasta ahora tener todas estas experiencias. Por cierto, resultó sorprendente que ella empezara a tenerlas. Además, esas experiencias la asustaron muchísimo; parte de ella temía volverse loca. Estas cosas no eran normales, y si Bill no hubiera estado allí para apoyarla y animarla creo que ella hubiera suspendido todo el proceso. Es importante reconocer lo fundamental que fue para Helen la ayuda y colaboración de Bill. De lo contrario, Un curso en milagros jamás se hubiera escrito. Así que ya ustedes están viendo otro ejemplo del principio básico del Curso. El mismo se repite una vez tras otra, en formas distintas: “La salvación es una empresa de colaboración” (T-4.VI.8:2),3 “Al arca de la paz se entra de dos en dos” (T-20.1V 63), “Nadie puede entrar en el Cielo solo” W-pI.134.17:7), y “juntos alzarán … o no la alzarán en absoluto” (T 19.IV D.12:8).

Toda una serie de experiencias que Helen tuvo durante el verano llegaron como en episodios. La misma le llegaba en segmentos durante la vigilia; no era un estado de sueño. La serie de experiencias empezó con ella caminando a lo largo de una playa desierta donde encontró un bote encallado en la arena. Se dio cuenta de que su trabajo era sacar el bote de la playa y tirarlo al agua. Sin embargo, no había forma en que ella pudiera hacerlo puesto que el bote estaba demasiado encallado en la arena. En medio de esto apareció un extraño quien le ofreció ayuda. Entonces Helen observó que en el fondo del bote había, lo que ella describió como un antiguo aparato receptor y proyector. Ella le dijo al extraño: “Quizá esto nos ayude.” Pero él dijo: “Todavía no estás lista para eso. Déjalo ahí.” Y él sacó el bote de la playa y lo tiró al agua. Cada vez que había problemas y mares tormentosos este hombre siempre aparecía para ayudarla. Después de un tiempo ella reconoció que el hombre era Jesús, aun cuando él no lucía como usualmente pensamos de Jesús. Siempre estaba cerca para ayudarla cuando las cosas se ponían difíciles.

Finalmente, en la última escena de esta serie el bote alcanzó su destino en lo que parecía un canal, donde todo era calmado, quieto y pacífico. Había una caña de pescar en el fondo del bote, y al final del cordel, en el fondo del mar, había un cofre del tesoro.

Helen vio el cofre y se emocionó mucho porque en ese momento de su vida le gustaba mucho todo tipo de joyas y cosas bonitas. Anhelaba descubrir qué había en el cofre. Lo sacó pero fue grande su desilusión cuando al abrirlo sólo vio un libro negro grande. Eso era todo lo que había allí. En el lomo del libro estaba escrito el nombre, “Aesculapius”, el dios griego de la sanación. Helen no reconoció el nombre en ese momento. Fue sólo años después, cuando el Curso se había escrito a máquina y se había puesto en carpetas para tesis, cuando ella y Bill se dieron cuenta de que lucía exactamente como el libro que ella había encontrado en el cofre del tesoro.

Ella miró el cofre del tesoro nuevamente y esta vez el mismo tenía un collar de perlas a su alrededor. Unos días más tarde tuvo un sueño en el que una cigüeña volaba sobre algunas poblaciones y en su pico llevaba un libro negro con una cruz dorada encima. Una voz le dijo: “Este es tu libro.” (Esto fue justo antes de que el Curso llegara.)

Hubo otra experiencia interesante en la cual Helen se vio a sí misma caminando hacia una cueva. Era una cueva muy antigua y en el piso había algo parecido a un pergamino del Torá con dos varas a los lados, alrededor de las cuales estaba envuelto el pergamino. (El Torá es la primera parte del Antiguo Testamento.) Era muy antiguo. Tanto, que cuando Helen lo alzó la pequeña cuerda que lo ataba cayó y se desintegró. Ella miró el pergamino, lo desenrolló y en el cuadro central estaban las palabras, “DIOS ES”. Ella pensó que era muy bonito. Luego lo desenrolló un poquito más y había un panel en blanco a la izquierda y otro panel en blanco a la derecha. Y esta voz le dijo: “Si miras a la izquierda podrás leer todo lo que ha sucedido en el pasado. Y si miras a la derecha podrás leer todo lo que sucederá en el futuro.” Pero ella dijo: “No, eso no me interesa. Todo lo que quiero es el panel central.”

Así que Helen enrolló nuevamente el pergamino para que lo único que se viera fueran las palabras, “DIOS ES”. Entonces la voz le dijo: “Gracias. Esta vez lo lograste.” En ese momento ella reconoció que había pasado un tipo de prueba que evidentemente no había logrado pasar antes. Lo que esto realmente significaba era que ella había expresado un deseo de no hacer mal uso de la habilidad que tenía; en otras palabras, no utilizarla para ningún tipo de poder o curiosidad. Lo único que ella verdaderamente buscaba era el presente, donde se encuentra Dios.

Una de las lecciones del libro de ejercicios para estudiantes dice “Decimos `Dios es’, y luego guardamos silencio”, porque no hay nada más que decir fuera de esas dos palabras (LpL169.5: 4). Creo que ese pasaje se refiere a esta experiencia en la cueva. Existe un fuerte énfasis a través del Curso en torno a la idea de que el pasado ya no existe y que no debemos preocuparnos por el futuro, que tampoco existe. Sólo debemos ocupamos del presente, puesto que éste es el único lugar donde podemos conocer a Dios.

Una anécdota final: Helen y Bill se dirigían a la Mayo Clinic en Rochester, Minnesota,
para pasar un día estudiando como allí hacían las evaluaciones psicológicas. La noche anterior Helen vio en su mente un cuadro muy claro de una iglesia que al principio ella creyó que era católica pero luego se dio cuenta que era luterana. La vio tan claramente que la dibujó. Mientras la contemplaba en su visión se convenció de que ella y Bill verían esta iglesia cuando su avión estuviera aterrizando en Rochester. Esta iglesia, pues, se convirtió en un símbolo muy poderoso de su cordura, pues para entonces dudaba de la misma ya que realmente no podía comprender todas estas experiencias internas. Ella sentía que si podía ver la iglesia esto le aseguraría que no estaba loca. Sin embargo, cuando aterrizaron no vieron la iglesia. Helen se puso frenética, así que Bill contrató un taxi para que los llevara a cada iglesia en Rochester. Creo que había cerca de veintiséis iglesias en la ciudad, pero no encontraron la iglesia de Helen. Ella se encontraba muy molesta pero no había nada más que hacer esa noche.

El siguiente fue un día muy ocupado y por la noche regresaban a New York. Mientras esperaban en el aeropuerto, Bill, que siempre era bueno para este tipo de cosas, escogió casualmente un libro sobre Rochester que creyó le gustaría a Louis el esposo de Helen. El libro contenía la historia de la Mayo Clinic y al hojearlo Bill vio una lámina idéntica a la iglesia que Helen había descrito. Estaba en el viejo solar donde se encontraba la Mayo Clinic, puesto que la iglesia había sido demolida para construir la clínica. Helen la había visto como sobre volando puesto que la iglesia ya no estaba allí; la estaba mirando hacia abajo en el tiempo. Esto la hizo sentir algo mejor, pero este no es el final del relato.

Helen y Bill tenían que cambiar de avión en Chicago. Ya era tarde en la noche y estaban cansados. Estaban sentados en el aeropuerto cuando Helen vio a una mujer sentada frente al área de espera, ocupada en algo. Helen captó que la mujer estaba muy inquieta, aun cuando no había señales externas al respecto. Se dirigió a la mujer, algo que normalmente no hubiera hecho pero que realmente sintió el impulso de hacer. Justamente la mujer estaba muy inquieta. Acababa de abandonar a su esposo e hijos y se iba a New York donde nunca había estado antes. Tenía sólo trescientos dólares que iba a usar para alojarse en New York y, además, estaba aterrorizada porque jamás había volado. Helen le ofreció su amistad y la llevó donde se encontraba Bill y juntos la cuidaron en el avión. Ella se sentó entre los dos y le contó a Helen que planeaba alojarse en la Iglesia Luterana, puesto que ella era luterana. Entonces Helen escuchó una voz interna: “Y esta es mi verdadera iglesia.” Helen comprendió que lo que Jesús quería decir era que una verdadera iglesia no es un edificio sino ayudar y unirnos a otra persona.

Cuando llegaron a New York Helen y Bill alojaron a su nueva amiga en un hotel. Durante los siguientes días curiosamente se encontraban continuamente al azar. Creo que Bill se la encontró una vez en Bloomingdale’s, un gran almacén en New York. Helen la invitó a cenar una o dos veces. Eventualmente la mujer regresó a su familia pero se mantuvo en contacto con Helen, enviándole tarjetas de Navidad, etc. Una vez llamó a Helen mientras yo estaba en casa de ésta. La historia es importante para demostrar que no es el fenómeno psíquico en sí lo que importa sino más bien el propósito espiritual detrás de él; en este caso el de ayudar a otra persona.

Un día a mediados de octubre Helen le dijo a Bill: “Creo que haré algo muy inesperado.” En ese momento Bill le sugirió que consiguiera una libreta y escribiera todas las cosas que pensara o escuchara, o cualquier sueño que tuviera. Helen empezó a hacerlo así. Ella sabía taquigrafía y podía escribir muy rápido. Una noche, un par de semanas después, escuchó que esta voz le decía: “Este es un curso de milagros, por favor toma notas.” Le dio tal pánico que llamó a Bill por teléfono y le dijo: “Esta voz sigue diciéndome estas palabras. ¿Qué hago?” Bill dijo algo por lo cual generaciones futuras lo llamarán bendito. El dijo: “¿Por qué no haces lo que dice la voz?” Helen lo hizo. Empezó a tomar dictado que siete años más tarde terminó como los tres libros que ahora tenemos, llamados, Un curso en milagros.

La experiencia de Helen con la voz era como la de una grabadora interna. Ella podía conectar y desconectar la voz a su antojo. Sin embargo, no la podía “desconectar” por mucho tiempo porque se ponía inquieta. Ella podía escribir lo que la voz decía aun cuando ésta hablaba muy rápidamente. Así que la taquigrafía de Helen fue muy útil. Esto lo hacía plenamente consciente. No era escritura automática; no estaba bajo trance o algo semejante. Podía estar escribiendo y si sonaba el teléfono, soltaba la pluma y atendía el asunto telefónico, y luego regresaba a escribir y continuaba donde había quedado. A menudo podía reanudarlo en el mismo lugar. Esto es aún más admirable cuando uno se da cuenta de que gran parte del Curso está escrito en verso libre (sin rima), pentámetro yámbico; ella hacía esto sin perder la métrica o el sentido de lo que estaba diciendo la voz.

Tal vez lo que más asustaba a Helen era que la voz se identificaba a sí misma como Jesús. Gran parte del Curso está escrito en primera persona, donde Jesús habla sobre su crucifixión. No puede haber duda alguna respecto a la identidad de la voz. Sin embargo, el Curso dice que no es necesario creer que la voz es la de Jesús para beneficiarse de lo que dice Un curso en milagros. Yo creo que resulta más fácil si lo creemos de modo que no haya que hacer gimnasia mental mientras lo leemos. Pero no es necesario para poner en práctica los principios del Curso. El Curso mismo nos lo dice. Hay una sección sobre Jesús en el manual para maestros donde dice que no es necesario aceptar a Jesús en nuestras vidas pero que él nos ayudará más si se lo permitimos (C-5.6:6-7).

En la mente de Helen no había duda de que la voz era la de Jesús, y esto le producía más miedo aún. Esta no era una experiencia feliz. Ella lo hacía porque en alguna forma consideraba que era lo que debía hacer. Una vez ella se quejó amargamente a Jesús: “¿Por qué me escogiste? ¿Por qué no escogiste a una linda y santa monja, o alguien parecido? Yo soy la última persona en el mundo que debería estar haciendo esto.” Y él dijo: “No sé por qué dices eso porque después de todo lo estás haciendo.” Ella no pudo discutir con él puesto que ya lo estaba haciendo, y evidentemente era la selección perfecta para ello.

Diariamente ella anotaba en su libreta de taquigrafía el dictado del Curso. Al día siguiente, cada vez que el tiempo lo permitía en sus ocupados calendarios, le dictaba a Bill lo que había recibido y él lo pasaba a máquina. Bill ha dicho bromeando que por lo general tenía que tener un brazo alrededor de Helen para sostenerla mientras que escribía con el otro. Helen tenía gran dificultad aun para leer lo que había escrito. Así fue como se tomó originalmente Un curso en milagros; como dije, el proceso tomó aproximadamente un período de siete años”.

Espero y deseo este artículo te haya sido de utilidad…

2 comentarios en “Hablando de Un Curso de Milagros…”

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