Coaching, coachingDVida, Empresa, Liderazgo

Afrontar retos y circunstancias…

Me comentaban el otro día, con acierto, cómo unas  u otras personas afrontan ciertas situaciones; o el hecho de que tomar decisiones o cambios, del cómo nos afectan, depende fundamentalmente de nuestras creencias, nuestra cultura o, incluso, formación.

Cómo de un mismo problema unos hacemos un mundo, nos ‘flagelamos’ o ‘martirizamos’, y otros simplemente se enfrentan a él, como si tal cosa, conscientes de que de una u otra manera se solucionara.

Las Creencias Limitantes son ideas, opiniones, pensamientos siempre negativos que nosotros creemos ciertos pero realmente no lo son. Nos influyen, nos condicionan, nos bloquean.

No sólo somos víctimas de las normas que nos rodean y que como ciudadanos debemos cumplir; somos víctimas de las normas que nos imponemos nosotros mismos, por nuestras creencias, nuestra educación, nuestros propios hábitos.

Me gusta leer, observar, los comportamientos, la vida de los demás. Cómo actúan o caminan. Trato de no enjuiciar ni criticar, simplemente aprendo. Sufro, como todo aquel que lo intenta, cuando me miro dentro; cuando simplemente descubro o me encuentro con mis cientos de defectos o desperfectos interiores.

Hay un ejercicio interesante que es reflexionar sobre cómo nos ven los demás. No es fácil saber esto. En coaching ejecutivo y empresarial es algo que se suele hacer, de forma anónima, a la hora de trabajar con un grupo para cambiar ciertos hábitos, estructuras de organización o motivación para conseguir objetivos más ambiciosos.

Es peligroso, a veces el que no te ve como él quiere que seas se muestra muy crítico contigo; o ese que no se atreve a criticarte dice aquello que tú quieres escuchar, pero que no es del todo cierto.

Hay un tercer grupo que es el de aquellos que continuamente te critican o hablan mal de ti a tus espaldas, a otros ajenos, hasta convertir esa imagen en cierta, de manera interesada,  ante los que poco te conocen, cuando en verdad no lo es y tampoco tienes la oportunidad de discutirlo.

Creo que las personas, cada uno, somos como somos. Nadie es el mejor ni el peor; nadie es perfecto, pero tampoco del todo imperfecto. Es fácil buscar en otro sus defectos, al menos si en mi los buscan saltan a la vista; con los años se agudizan. En el fondo de cada uno, de todos los que nos rodean, existe siempre o un gran corazón o una pizca de buen ser que acompaña. Pero tendemos a quedarnos, siempre, con lo más negativo.

Estos días, esta semana, estoy envuelto en cierta desgana, cierta ansiedad que tal vez me viene provocada por un estrés del que solo yo sé los motivos. Las acumulación de viajes, los tiempos que acaparan desorden, varios proyectos sobre la mesa al mismo tiempo, desconcentración y, en general, falta de tiempo para el todo. Creo que este clima me influye, además, en negativo.

Uno mira hacia delante pero es incapaz de dejar de mirar atrás. Todo lo que nos ocurre en el Ahora forma parte de esas lecciones que nos guarda la vida. 

Solo avanzando en el camino, podremos estar capacitados para mirar atrás y poder evaluar si lo recorrido nos da o quita razones. 

En estos momentos, en los que uno evalúa sus proyectos vitales, sus errores y fracasos, simplemente podemos ponerlo a disposición de la corrección y dejarlo atrás.

Decía Soren Kierkegaard que

“La vida solo se puede comprender al echar la vista atrás, pero debemos vivirla mirando hacia delante.”

Reconozco que el estrés me bloquea, me deja en blanco y me provoca un estado de angustia que supera absolutamente todo.

El símbolo chino para la palabra ‘crisis’ tiene doble significado: ‘peligro’ y ‘oportunidad’. La palabra que se usa en japonés para dar las gracias es arigato, que significa ‘las dificultades existen’. Según la sabiduría oriental, las cosas se convierten en su opuesto; de las dificultades surge la buena fortuna.

“Hay un momento para la expansión y otro para la contracción: la una causa la otra y una requiere que la otra ocurra de nuevo. Nunca estamos más próximos a La Luz que cuando la oscuridad es más profunda.”SWAMI VIVEKANANDA

Creo firmemente que no es la culpabilidad lo que nos hace sufrir, sino la manera en la que nos aferramos a ella.

Como mis amigos estoicos proclaman, deberíamos aprender a reconocer y tomarnos en serio la diferencia entre lo que podemos y no podemos dominar. Tener claro qué está y qué no está bajo nuestro control, esforzándonos por lo primero y no malgastando en lo segundo.

¿Cómo deberíamos afrontar esos retos o circunstancias que nos pone delante la vida?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s