Coaching, coachingDVida, Empresa, Espiritualidad, InteligenciaEmocional, Liderazgo

“¡No abandones!” por JL Moreno Coach

He escrito innumerables artículos sobre el éxito y el fracaso, lo que se aprende de uno y de otro.

Creo que el año pasado escribí algún post por aquí, y algún otro por allí, que titulé ‘Contaminación Mental’ (leer aquí). En el sentenciaba que de los errores se aprende, que el sufrimiento te hace más fuerte y de las adversidades se coge impulso.

Y es que, por ponerme de ejemplo, hay meses que uno los termina con algunos deberes hechos y algún que otro objetivo cumplido, pero también con pequeños o grandes fracasos. 

Los fracasos no tienen por qué ser solo económicos o profesionales; los fracasos pueden ser también sobre personas en el ámbito profesional y, posible y curiosamente, son de los que más te cuesta salir, aunque siempre se sale. 

Cuando uno apuesta por personas, y fracasa, el daño emocional queda grabado por tiempo y la herida siempre es difícil de curar, pero se cura.

Yo fracasé y cuando se fracasa, lo primero que hay que hacer es reconocerlo. He fracasado muchas veces con personas en las que he confiado, pero no hace mucho tiempo fracasé con alguien que más allá de confiar, creía y sentía cercano.

De todos los fracasos aprendemos, pero de los personales, sinceramente, preferiríamos no aprender nunca nada. Somos conscientes, además,  que cada uno es como es y si el camino es largo, podremos volver a tropezar varias veces en el mismo pedrusco.

Aquel fracaso, del que no daré detalles, hizo tambalearse un proyecto personal al que, además, había arrastrado a otras personas que son importantes para mi porque son también amigos.

Tuve uno de esos momentos en los que lo más fácil era tirar la toalla, abandonar y pedir perdón por los hechos. ¿Abandonar? 

Reconozco que fue así. A mi qué más me daba. Para qué meterme en berenjenales que al final no sabía cómo terminarían. Era el camino más fácil. Liquidar.

Pero hubo dos cosas importantes que me hicieron seguir adelante, además de mi cabezonería y determinación: la confianza y respaldo del resto de socios/amigos, más allá del agujero en el que nos habían metido, y el conocer a otra persona que, sin duda, me provoco desde su juventud y el compromiso que mostraba, el aliento para seguir.

Por ello, por haber tomado la decisión de seguir adelante, hoy, tiempo después, no puedo hablar de éxito (¿qué es el éxito?), pero sí de haber conseguido cumplir con los objetivos que en aquél proyecto, ‘tocado’ pero no hundido, nos habíamos propuesto: apostar en firme por una marca y un proyecto diferente en un sector competitivo, el de la rehabilitación y la reforma (RHabilitec), y el haber recuperado la confianza en las personas, en esas que se lo ganan con el día a día, con el trabajo, el riesgo y el compromiso.

Trabajamos más que nunca. Las prioridad siempre puestas en fluorescente para no perderlas de vista, echando horas que nadie sabe, sacando tiempo de dónde a veces parece no lo hay, no solo no perdimos la ilusión sino que la renovamos y generamos nuevos proyectos que sin duda consolidarán los equipos y las personas.

Uno no sabe bien por qué hace las cosas.

Uno se castiga continuamente por ser tan inquieto pero, más allá del éxito material, existe el éxito espiritual que a mí me lo aporta creer en lo que hacemos y ser capaz de trasladárselo a aquellos que confían en nosotros.

Si no hubiera ocurrido lo que ocurrió, no creo hoy estuviese escribiendo esto.

Conté el otro día esta experiencia a unos jóvenes universitarios, de esos miles que hay por ahí con ansia de emprender, en una de esas conferencias sobre liderazgo. Todos  creen que se harán ricos con el primer proyecto que pongan en marcha. Ojalá. Seguro muchos lo consiguen, no lo dudo. No son conscientes, a día de hoy, del camino de obstáculos que encontrarán hasta que su idea comience a tomar forma. Horas y horas, noches en vilo, sudores, lágrimas y momentos de duda.

Muchos abandonarán a la mínima. A todos se nos pasa por la cabeza abandonar. Siempre hay alguien cercano que nos dice eso de que para qué haces lo que haces. Mi consejo es que no hay que abandonar nunca. Nunca. El fracaso es un impulso y el fracaso con las personas es, sin duda, un aprendizaje más.

No es fácil entrar en la mente de una persona, no es fácil admitir haberte equivocado o, simplemente comprobar o descubrir actitudes deshonestas en las personas en las que has confiado. Pero esto puede resultar un punto clave en tu crecimiento e impulsarte hacia delante.

Todas las dificultades esconden una estrella. Una experiencia y un aprendizaje en una circunstancia complicada bien aprovechada es la semilla hacia el éxito.

De las actitudes deshonestas de las personas se aprende y si se aprende, al fin y al cabo, hay que darles las gracias.

Yo hoy doy las gracias a aquél elemento que utilizó nuestra confianza para hacer lo que no debía. Tiene incluso la oportunidad de reponer el daño material que hizo. El daño que se hizo a sí mismo, perdiendo la confianza por sus actos de aquellos que confiaban, estoy seguro no lo va a recuperar nunca.

Siempre debes aprovechar las circunstancias a tu favor, aunque éstas sean adversas.

Los ganadores no abandonan, los ganadores siguen adelante con fuerza frente al dolor y la adversidad. Es la diferencia entre unos y otros, entre los que ganan y los que pierden.

Termino estas líneas con sentimiento positivo y un pequeño consejo:

por muy mal que te veas, si crees en lo que haces, no abandones nunca, confía en ti.

Cuando las cosas vayan mal como a veces ocurrirá
Cuando el camino que recorres con dificultad parece todo cuesta arriba
Cuando los recursos son escasos, y las deudas altas
Y quieres sonreír pero tienes que suspirar
Cuando la inquietud te pesa.
Descansa si debes pero, ¡no abandones!

La vida es extraña con sus vueltas,
como cada unos de nosotros a veces aprende.
Y más de un fracaso da la vuelta completa
Cuando podría haber ganado si hubiera insistido
No abandones aunque el ritmo parezca lento
Puede que tengas éxito con otro paso.

El éxito es fracaso vuelto del revés el matiz
de plata en la nube de la duda,
Y nunca puedes decir lo cerca que estás.
Puede que esté próximo cuando parece tan lejos.
Así es insiste en la lucha cuando más duramente seas golpeado
Es cuando las cosas parecen peores cuando no debes abandonar. 

Rudyard Kipling

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s