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10 cosas importantes que no debes olvidar con tus hijos.

Escribía esta mañana, en ese mi primer pensamiento al despertar, que a veces es más importante parar y coger impulso, que llegar cansado y herido a la meta. Así es.  A veces pienso que lo que hago no debe ser muy bueno,  de tanto pensar me canso.

Simplemente hay veces que necesitamos estar en paz, en paz con nosotros y con todo lo que nos rodea; pensar y desahogarnos mentalmente de todos esos líos que normalmente nos acompañan.

No hacer nada, simplemente estar a lo interno, recrearte en el momento, en la belleza del instante, en las lecturas, sin las prisas habituales.

Sinceramente uno así llega a sentirse mucho más productivo que cuando las prisas nos llevan en volandas. Tal vez la lentitud y el orden, unidos, sean el motor que uno necesita.

En ocasiones, en esa sensación de pensamiento lento, miro a mi hijo con cierto orgullo. Se encuentra en esa maravillosa edad de 16, a punto de los 17. Me ha adelantado en estatura y puedo decir, más allá del orgullo que siento como padre, que es un gran hombre. Sé que será un gran líder, primero de sí mismo y luego de los demás; carácter y gran corazón le acompañan. Sufrirá, como todos; caerá y levantará de seguro muchas veces, como todos, pero conseguirá lo que se proponga porque tiene determinación, ilusión y pasión.

A veces, cuando le miro, me veo reflejado en muchos de sus gestos. También creo que debía decirle muchas más veces lo orgulloso que estoy de él y, sin duda, lo que le quiero y significa para mi. No lo hacemos porque en ocasiones buscamos más ese respeto y esa autoridad que poco tiene que ver con el amor, pero es una forma de amar. Es una gran parte de mi, de mi ser: mi vida.

Leía estos días de atrás una historia, que viene un poco a cuento de esto, que me apetecía dejar por aquí.

Lo más doloroso para un padre, sin duda alguna, es sufrir la pérdida de un hijo. Este suceso hace que los padres también mueran por dentro. 

Richard Pringle, es uno de esos padres que desgraciadamente perdió a su hijo. Se llamaba Hughie, tenía solamente 3 años de edad, una hemorragia cerebral unida a un condicionamiento de nacimiento provocó su fallecimiento. 

El padre sintió como su corazón se hacía pedazos y creía que ese dolor jamás se curaría. 

A más de un año de su lamentable pérdida, confiesa haber aprendido muchas cosas desde que falleció su pequeño y quiso compartirlas en su cuenta de Facebook con otros padres, haciendo un llamamiento a éstos para que disfruten su tiempo con sus hijos ya que eso es lo más valioso que tienen pues nada es para siempre y llega un momento en que todo se acaba y solo los recuerdos quedan

Esta es la conmovedora lista, que creo es de utilidad para muchos padres:

  1. Valora cada instante con tus hijos. No imposta en donde te encuentres o que estés haciendo, si es de día o de noche, si estás en el trabajo, el auto o en la casa, no importa el lugar, valora cada momento con tus hijos y disfrútalos al máximo.
  2. No te olvides de despedirte cada noche o cada día de tus hijos con un beso pues nunca sabes cuándo será la última vez que los llevarás a la cama o cuando será el último beso.
  3. Los recuerdos son para siempre, no importa en donde te encuentres o que estés haciendo con tus hijos, toma todas las fotografías y los vídeos que puedas, tal vez eso sea lo único que te quede en un futuro.
  4. El tiempo no se detiene, no lo pases trabajando; dedícale gran parte de el a tus hijos, juega con ellos, llévalos al parque, a acampar, a pasear en bicicleta, enséñalos a conducir. No esperes hasta el final cuando ya sea muy tarde.
  5. Anota en un diario todo lo que hagan tus hijos, las cosas buenas, las cosas malas, los triunfos, los fracasos, absolutamente todo. 
  6. El amor es infinito, no tiene límites, no importa cuanto lo demuestres siempre habrá más en tu corazón.
  7. El dinero no importa, no te fijes en cuanto te hacen gastar, ¡gasta tiempo en ellos! eso si es verdaderamente valioso, los pequeños momentos y detalles, a la larga terminan convirtiéndose en los más grandes. Yo ya no recuerdo cuanto o en qué gasté en mi hijo pero si en todo lo que juntos hicimos.
  8. Levantarte por las mañanas y ver a tus hijos es algo por lo cual debes sentirte afortunado, no desperdicies el tiempo, desayuna con ellos, llévalos al colegio, a los partidos de fútbol, a ver una película. El tiempo no se detiene así que disfruta a tus hijos; el que vayan a la universidad, el que se casen y tengan sus propios hijos. Ese es el verdadero valor de la vida.
  9. Canten juntos. Aunque parezca algo muy simple muchos de los recuerdos se fabrican con la música, demasiados recuerdos que me vienen a la mente cuando escucho ciertas canciones, me hace acordarme de cuando viajábamos juntos en el auto y cantábamos nuestras canciones favoritas.
  10. Haz que cada momento que pases a su lado sea tan divertido como si fuera el último, no importa donde estén o que estén haciendo, la vida es muy corta como para no divertirse, ríe, corre, haz bromas, pasa los mejores momentos con tus hijos y así no te lamentarás cuando ya sea muy tarde.

Realmente son cosas que pueden parecer obvias, pero muchas veces nos olvidamos de cumplir, se nos va, como el tiempo. 

Tiene que ser algo horrible perder a un hijo. Es contra natura. Es como si a un árbol le cortan una rama de cuajo, comienza a morir en vida.

A veces no nos damos cuenta del tiempo que desechamos y no vuelve. La educación occidental es fría en las relaciones personales y tradicionalmente la relación entre padres e hijos se ha mantenido algo distante. No así con la madre.

Todos hemos visto esas películas antiguas, de la época de nuestros abuelos, en las que el hijo prácticamente tiene que ponerse firmes ante el padre, autoritario, y hablarle de usted sin ningún tipo de gesto que mostrase  ni el más mínimo cariño de uno y otro. Menos mal que todo eso ha cambiado.

Lo más importante que tenemos son los padres. Ningún amor es tan profundo y puro como el de un padre a su hijo.

Me gustaría que ese fuera el recuerdo de mi hijo para conmigo, un sentimiento de orgullo hacia su padre, el mismo con el que yo siento a los míos.

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