Coaching, coachingDVida, InteligenciaEmocional

¿Estás contento?

Qué rápido perdemos los buenos hábitos y cuánto cuesta, después, volver a recuperar. Lo bueno se pierde en tan poco tiempo que a veces nos hace pensar que nunca habíamos pasado por allí.

Estos días hace frío. Temprano, la sensación en la cara es agradable, como si la piel se estirase en un instante y desapareciesen rápido esos surcos que los años nos van recorriendo, de lado a lado, en forma de arrugas. Siempre recuerdo la piel de mi abuelo JM, curtida en las altas y bajas temperaturas del campo. Una piel perfecta y ajena a toda esa cantidad de listas de productos cosméticos que ahora nos venden. Una piel que llevó siempre, con un color sano, sin prácticamente arrugas en sus más de noventa años, sonrojada, tersa, viva hasta que dejó de latir por la edad. Ahora nos arrugamos antes y más. Vivimos bajo los techos, como escondidos; nos arrugan las perturbaciones y emociones. Por eso, cuando salimos a la calle, al campo, nuestra piel se abre a la vida, se curte en los silenciosos abrazos del viento.

Pensaba hoy en todo esto, en lo tanto que nos quejamos ahora que prácticamente tenemos todos de todo o casi todo. Disfrutamos de mucho más de lo que disfrutaban nuestros antepasados que, como en el caso de los míos,  trabajaban de sol a sol, cuando lo había, en medio del campo, sin resguardo de nada y sin esas prendas que ahora nos ponemos y que son capaces de mantenernos calientes a dos grados bajo cero. Era como si nadie, entonces, se quejara de nada. Simplemente vivían cada día, como podían, pero vivían. No recuerdo a mis abuelos quejarse ni del frío ni del calor, ni del madrugar ni del trasnochar trabajando en el campo, con la dureza que aquello implicaba. Pero ahora nos quejamos y, normalmente, nos quejamos los que no tendríamos por qué hacerlo.

Pero claro, a lo mejor esa queja, tras mucho reflexionar sobre ello, se debe a que no estamos a gusto con nosotros mismos, con lo que somos, con el dónde hemos llegado o lo que hemos llegado a ser. Por eso nos comparamos constantemente con el uno y con el otro, con lo que son o tienen. No nos comparamos nunca con el que no es o nada tiene.

Desear continuamente lo que tienen los demás supone un problema vital de gran trascendencia en nuestra calidad de vida, tanto a nivel físico como mental.

Estas quejas, estas comparaciones, te generan dudas vitales sobre si realmente te has equivocado en la dirección que tomaste.

¿Estás contento con tu vida? Una pregunta que suelo hacer en conferencias o sesiones de liderazgo o coaching. ¿Tienes la vida que quieres?

Son preguntas que obligo a responder y preguntas que yo mismo me hago de vez en cuando.

Hay personas que se conforman con muy poco y así disfrutan de sus días. Otros que cuentan con el privilegio del ‘Todo’, viven en una frustración absoluta. Los hay que mereciendo ‘todo’ se tienen que conformar con el ‘nada’ y los hay que teniendo de todo deberían pasar por la experiencia de ‘nada’ para que valorasen realmente lo que tienen.

¿Por qué no conformarnos con ser como somos o tener lo que tenemos… pero vivirlo?

Estamos constantemente enfrentados a nosotros mismos porque queremos ser o vivir diferente a como somos.

No nos aceptamos.

Confía en ti. Acéptate tal y como eres.

Nuestras cabezas nos tienen atrapados en pensamientos realmente confundidos. Nos perturban. Shakespeare en su Hamlet’ escribió algo así “No existe nada bueno ni malo, es el pensamiento humano el que lo hace parecer así.” ¿No crees?

Tener más de lo que necesitamos no nos hace más felices. Cada vez lo tengo más claro. Y es verdad, tal vez hablo desde el privilegio de no haber pasado nunca calamidades. Pero sí las pasaron mis abuelos y no les sentí nunca infelices como lo entendemos ahora. Ahora la infelicidad nos viene, en la mayoría de las veces, por estar deseando constantemente aquello que no tenemos.

Queremos ser lo que no somos para que otros nos admiren o envidien. Y nosotros envidiamos a los que tienen lo que no tenemos. Y así constantemente viviendo en una frustración infinita.

Lo que deseamos alimenta más nuestro deseo de más y más. No nos satisface nada.

Todo aquello que parece nos entra por los ojos como para hacernos los más felices del mundo, luego es lo que jamás nos hará feliz porque los deseos innecesarios no tienen fin.

Curiosamente, y está más que comprobado, esas personas que viven una vida sencilla, sin mucho más que lo necesario, son más felices que aquellos que más tienen y no dejan de desear más y más.

Nos hace falta ser capaces de vivir la vida sin más. Conformarnos, sin exigir y sin quejarnos. Vivir el ahora sin pensar tanto en el futuro, ese futuro que siempre es incierto incluso para el vivir.

Lo que más importa está dentro de nosotros y no ahí fuera. Curiosamente nos tiramos la mayor parte del tiempo que vivimos buscando fuera en vez de encontrar dentro.

Sobrevivimos.

¿Qué es lo realmente importante para ti? ¿Por qué en vez de ir dando tumbos, sobreviviendo, vives el ahora?

Resulta curioso cómo me quejo muchas veces de lo que hago y poco de lo que no hago.

 

2 comentarios en “¿Estás contento?”

  1. Y es que sin lugar a dudas no existe nada más enriquecedor como el amor propio. Con él, nada nos falta. Gracias por un bello mensaje en este artículo. Un abrazo

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s