Reflexionar sobre la muerte, reflexionar sobre la vida.

Recuperar la calma, esconderse entre páginas de libros sin prisa o, simplemente, contemplar desde la ventana cómo el cielo se abre a nuestros pensamientos.

Quiere decir esto, sin sin más filigranas, que debemos parar para encontrar un equilibrio ideal.

Entre las páginas de prensa que voy guardando para leer cuando el tiempo me permite, he encontrado una entrevista a mi admirado Javier Gomá. Les diría que nunca pasaran sin leer una entrevista a un filósofo, sea cual sea y de dónde sea, opine lo que opine y de lo que sea, siempre se aprende, siempre nos invita al saber y al pensamiento.

Javier Gomá publicó no hace mucho un nuevo libro: “La imagen de tu vida”.

Es un libro maravilloso, intimista en el que nos vuelve a abrir su pensamiento proponiéndonos  construir con la existencia un ejemplo perdurable y una invitación a una vida digna y bella.

En la entrevista, el filósofo, nos habla sobre la muerte. La muerte es un tema recurrente para muchos filósofos y algo tabú para la mayoría de los mortales. Ni nos gusta hablar, ni nos gusta pensar, sobre la muerte.

Nuevamente, las palabras de este autor, a mi, me hacen reflexionar, girar en torno a la muerte no desde la tristeza sino desde la realidad.

Creo que es importante que de vez en cuando lo hagamos. Reflexionar sobre la muerte te invita a no perder el tiempo en la vida, ni con la vida.

“Me gusta distinguir entre muerte y mortalidad. La muerte es algo vulgar que les ocurre a los mosquitos, plantas y a todo ser orgánico, siendo la conciencia de la muerte algo exclusivamente humano. De ahí surge todo lo valioso, como dije en «Primores de lo mortal». Nace el arte, que es una copia de seguridad de las cosas que amamos; el amor, que se espolea por la conciencia de lo efímero del ser amado; la ciencia, que es nuestra protección contra las imperfecciones de la naturaleza; la filosofía, la ética, la poética, el arte, la religión…” Gomá

No sólo no estoy preparado para mi muerte, es que no estoy preparado para despedirme de aquellos que quiero. 

A veces no es fácil ser consciente de que la vida es un camino que comienza y termina. Esa inconsciencia, posiblemente, nos lleva a tomar decisiones poco acertadas, como lo es la gran cantidad de tiempo que perdemos o dejamos pasar como si nada.

La mejor manera de caminar es vivir y no pensar en morir. Si uno piensa constantemente en morir, jamás vivirá.

Pero hay que pensar en nuestra mortalidad, sentirla. Pensar que hoy no podremos morir nos hace engañarnos a nosotros mismos en una inmortalidad ficticia. Nos vacía.

Pensar que somos mortales nos debe provocar aprovechar el momento, sentir la vida, no desperdiciar ningún instante.

Y una manera de vivir el instante, volviendo a Gomá, es pensar en lo que podemos hacer hoy para dejar en el mañana.

Esforzarnos en desarrollar nuestra creatividad, no dejar de aprender, de emprender; cultivar un buen corazón, ser compasivos y preocupamos por ese interior que nos genera paz mental y nos aleja de los enemigos exteriores. Sin paz interior es imposible que consigamos la paz exterior.

Nos dedicamos a buscar la felicidad en el exterior acaparando bienes materiales o peleando por un posicionamiento social más elevado; nuestra mente parece estar impregnada de esa avaricia y egoísmo que te impulsa a levantar cada día en el estrés de tener más y más dinero como si eso nos produjera felicidad. Nunca estamos satisfechos porque nunca estamos lo suficientemente felices. El día que morimos no podemos llevarnos nada de eso con nosotros,  ni siquiera sabemos si a los que se lo dejamos nos recordarán por ello o no, les haremos más o menos felices.

Pensamos que los culpables de nuestros problemas son los demás, o porque nos faltan recursos o por la sociedad en la que vivimos. Nuestro verdadero problema solemos ser nosotros, nuestra mente.

La felicidad no está ahí fuera, está dentro de cada uno de nosotros, en nuestra propia mente.

Cultivarnos, vivirnos, sentir cada momento como si fuese el último. Que nos recuerden por lo que dejamos en el corazón de los demás, no por si nos marchamos con más o menos dinero en la cuenta bancaria. ¿Para qué? ¿Por qué?

Y esto, estas breves líneas o reflexiones, es lo que me provoca haber leído hoy una entrevista como la de Javier Gomá aunque, tal vez, lo que verdaderamente me provoca estas reflexiones sea ese impulso por encontrar las respuestas, por seguir en el día a día despertando, sintiendo que soy eso, un ser mortal que tiene el privilegio de vivir hoy y dejar escrito por aquí estas líneas que no son más que esos pensamientos que se confunden entre filosofía y espiritualidad. Mi filosofía, mi espiritualidad: yo.

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