‘¿Hacemos Hygge?’ por José Luis Moreno Coach

Los estoicos predicaban la ataraxia como forma de vida. La ataraxia sería algo así como la tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos. La ausencia de temores, la aceptación de que lo que no se puede evitar ni depende de nosotros, es mejor no preocuparse de ello: el infortunio, el sufrimiento, la muerte. Para ellos, los estoicos,  el virtuoso era aquel que consigue vivir despreocupado en un estado de tranquilidad interna que le libere de cualquier perturbación externa.

Pensaba en ello ahora mismo, aquí, en mi sillón, mientras me disponía a repasar la agenda de la semana dejando de lado mis libros. Ha sido un instante que me ha generado un estado de incomodidad indebido, por algo que ni siquiera ahora mismo es controlable, como son los objetivos y temas que debería cumplir en los próximos días y los problemas que pudieran derivar. Y  en este preciso instante he pensado “¿pues mañana será otro día? A partir de mañana manos a ello, ahora a seguir disfrutando”.

Casualmente leía estos días un artículo sobre uno de esos términos que me gusta guardar. Hace poco escribía por aquí sobre el Ikigai, ahora paso a escribir y recomendar otro concepto estado para mi descubierto en los últimos días: el ‘Hygge‘.

El Hygge parece ser que es el estado de felicidad de los daneses. 

En Dinamarca hay un tipo de felicidad más profunda que la alegría y es el hygge. Dicen que esta sensación es tan profunda que no puede traducirse en otros idiomas. Podría parecer algo así como ‘acogedor’ o ‘cálido’. No hay ninguna palabra que represente lo que significa en toda su amplitud. Hygge hace referencia a situaciones y sensaciones.

Un café o un té caliente en un día frío frente a una chimenea, una copa de vino con amigos en el calor de la casa, una comida familiar o, simplemente, leer un clásico recostado en el sofá… 

Está relacionado con la tranquilidad, el bienestar, el disfrute de la conversación, la compañía de otras personas y el placer de los momentos de soledad.

En Dinamarca, la felicidad se toma muy en serio. Este país suele encabezar las listas de países más dichosos del planeta y también las de mayor calidad de vida.

Según he leído por ahí, la palabra hygge entró por el mar. A finales del siglo XVIII empezó a sonar ese vocablo noruego en Dinamarca. Lo utilizaban para hablar de la intimidad casera, el bienestar y las sensaciones acogedoras. En varios documentos daneses del XIX ya aparece escrito el término, pero, desde entonces, ha ido evolucionando hasta convertirse en una de las banderas patrias de los daneses.

(Que nadie mal interprete la imagen. Es un dibujo que aparece en el número de octubre de la Revista Esquire, que leo habitualmente)

Puede ser  algo tan sencillo como apreciarte a ti mismo,  acurrucarte, dejarte ir en ti, ser amable contigo, darte esos pequeños caprichos que a menudo el ritmo frenético del día a día no nos permite. 

Gloria Rodríguez-Pina publicaba en VERNE, el  13 de octubre, un artículo sobre el Hygge y en el mismo añadía los 12 pasos para incorporarlo a nuestra vida, según Julie Thomsen, una trabajadora de la Embajada de Dinamarca en Madrid. Estos son los pasos y recomendaciones:

1. Busca el momento. “En Dinamarca pensamos mucho en emplear el tiempo de una manera eficaz, para trabajar y hacer todas las tareas diarias. Pero además de eso, encontramos tiempo para cuidarnos y relajarnos al margen de las obligaciones, con pequeñas cositas”.

2. Abre tu casa. Más que en bares, parques o jardines, hacer “hygging” es preferible en casa, en la tranquilidad del hogar. Sol@ o en compañía.

3. Crea un ambiente propicio. Con los cinco sentidos: una iluminación adecuada, la chimenea o velas, música relajante de fondo, flores frescas (el olor a lavanda o a la dama de noche, por ejemplo)… Las condiciones para sentirte relajad@.

4. Evita tratar temas que rompan el relax. Nada de hablar de política, de fútbol, de religión, de ningún otro asunto polémico. Queda prohibido pensar en el trabajo y usar portátiles ni teléfonos móviles.

5. Funciona mejor en petit comité. Un pequeño grupo a lo sumo, para mantener un diálogo y no conversaciones paralelas.

6. Es esencial el menú. Un buen vino, quesos deliciosos y si es posible platos que evoquen la infancia.

7. Ten presente a tus antepasados. Tomar el te en la vajilla de la abuela, tener fotos de tus ancestros, es muy “hygge”. Compartir tradiciones que ellos reconocerían.

8. Ponte cómodo. Quedarte en la cama más tiempo de lo habitual, con un buen libro y una bebida caliente. Acurrucarte en el sofá bajo un edredón, con ropa cómoda, para disfrutar de una buena peli.

9. Haz cosas “hyggelig”. Las actividades que te gustan: juegos de mesa en familia o con amigos, una buena tertulia. Todo aquello que te acerque al relax.

10. Huye de ambientes que no son hygge. El antónimo de este término es uhyggelig, pero esto tiene más que ver con una película de terror, con sangre, miedo, etc. A lo que se refieren los daneses es a todo lo que no invita a estar cómodo. Para Larsen, por ejemplo, no se puede conseguir un ambiente relajado en un bar español con sillas de plástico, zonas en sombra y tubos fluorescentes.

11. Exprésalo. En Dinamarca es una palabra que utilizan muy a menudo, que además de sustantivo es adjetivo, adverbio y verbo. Sirve para describir ese jersey cómodo que te acabas de poner, para decirle a tus hijos, “vamos a ver una peli y comer chuches” o “vamos a jugar al Trivial y pasar un rato hygge”. Se usa con frecuencia para compartir con tus amigos lo bien que te encuentras con ellos en ese momento y para despedirte después de una cena que ha sido muy hyggelig.

12. Sé consciente del deleite. Una comida y una larga sobremesa a la española con amigos podría muy bien ser hygge, pero lo que diferencia a los daneses es que son capaces de identificar y nombrar ese momento de bienestar. Saben que está sucediendo y lo están disfrutando, algo así como un mindfulness permanente al estilo nórdico. 

Por qué estropear los momentos que he tenido este fin de semana, entre filosóficos y poéticos, de tranquilidad hogareña, de paz. Esos instantes practicando running esta mañana mientras meditaba sobre la belleza del sol, su luz, sobre los árboles llenos de color otoñal que nos acompañan.

Ese instante en mi sillón, perdido mientras las música me acaricia y me dejo llevar por mis pensamientos, mis libros o revistas. Tal vez eso a lo que yo llamo ‘mis momentos’ sea, para los daneses, hacer hygging (¿?).

Para los maestros zen y budistas es vivir el presente. 

Deberíamos copiar un poco más de aquellos que parece saben vivir o utilizar sus tiempos algo mejor que nosotros. ¿No?

Y tú ¿por qué no haces Hygge?

Amar el silencio y no buscarlo.

Ser pensador y no pensarlo.

Existir.

Sartre decía algo así como que no hay camino marcado que conduzca al hombre a su salvación; este debe inventar constantemente su propio camino. Y para inventarlo es libre, él es el responsable, no tiene excusas y en él reside toda esperanza.

La vida es algo así. Elegir constantemente nuestro propio camino. No elegirlo sería, también, una irresponsabilidad.

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