Trabajar en equipo…

La intensidad profesional de los días nos va dando lecciones.

Cada vez me doy más cuenta de lo importante que es trabajar en común, trabajar en equipo.

En común se vencen obstáculos, se ganan batallas, se consiguen objetivos y la vida es mucho más sencilla.

Nunca he creído en los individualismos sociales y mucho menos en el falso liberalismo que profesan algunos.

Deberíamos aprender más de los animales, ellos, si nos fijamos atentamente en sus actos, son nuestros verdaderos maestros. Su comportamiento, su instinto.

Esta foto, entrañable, que desprende cariño, es de mi amiga Marisol Navajo. Son su familia de gatos, ahí les tenemos a todos, en un pequeño espacio, abrazados, desprendiendo su calor. Realmente una imagen fantástica que he tomado ‘prestada’ de su perfil.

Cuando era pequeño, en el colegio, recuerdo una de esas pocas veces que me dio por jugar al fútbol. El campo me parecía inmenso y yo era malísimo. Jugábamos en el mismo espacio cientos de críos, cada uno con sus partidos, cada uno con sus balones. Todavía no llego a comprender cómo éramos capaces de no confundirnos, de conocer y reconocer cada uno de nuestros compañeros de equipo y cada uno de nuestros contrincantes. En uno de esos partidos, no sé por qué, me vino la pelota a los pies. A mi, que normalmente no me centraba nadie de lo malo que era. Y pensé que era la oportunidad, mi oportunidad de demostrar que yo era igual, o mejor, que los demás. Me puse a correr como loco. Todos me gritaban que les pasase el balón. No me daba la gana. Era mi momento de gloria, sólo mío. A lo lejos, la portería. A lo lejos, el portero del equipo contrario que se repartía el espacio de la portería con los tantos porteros, de los otros equipos, que a su vez jugaban otros partidos. Corrí y corrí y no me encontraba a ningún jugador contrario. “¡Pasa el balón Moreno!”, me gritaba uno y otro hasta que de pronto, no sé cómo, impacté con una especie de armario de chaval, mayor que yo, que estaba jugando su partido. Caí al suelo, perdí la pelota. Se acabó mi oportunidad. Vino hacia mi, corriendo, con sus habituales mocos acuosos chorreando bajo la nariz, Umberto. Umberto era uno de esos niños inteligentes, repipis, que ya de pequeño se había leído todos los libros que sobre las Guerras Mundiales existían. Me miró con odio y me dijo algo que todavía recuerdo: “Una batalla no se gana con una sola espada. Ahora, levántate tu solo del suelo.” No olvidaré aquella frase, cargada de razón.

Fracasamos nosotros, pero vencemos en equipo.

Estos días ha iniciado su andadura un proyecto de equipo: rHabilitec. Tengo ilusión en este nuevo camino.

Estos días le he dedicado el tiempo que me ha dejado libre mis responsabilidades, aportando mi granito de arena para que  comenzara su andadura. Pero muchos granos de arena construyen una montaña, eso es lo importante.

Creo en rHabilitec, ya es un éxito por el hecho de nacer, ha dado el primer paso. Creo en la ilusión que se acumula detrás de la marca.

En equipo las cosas salen mejor.

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