Si escribes…

El frío nos aploma, deja sin alegría los cuerpos. Esperábamos el invierno pero luego echamos rápidamente de menos la cálida luz del sol. 

Las semanas, de lunes a viernes, son imparables. O somos nosotros los que las convertimos en imparables. Todo parece se amontona, todo parece llega pero no llega. Los lentos podemos ser nosotros o la lentitud es algo que se nos está contagiando a todos como una forma de vida. 

Tal vez por eso busquemos más momentos de reflexión. Tal vez por eso, y por los años, y por el cansancio, nos escondamos, cada vez más, en la literatura en general, la filosofía y los versos en particular. Nos acomodamos a las situaciones inestables y no damos importancia al tiempo. Ese tiempo (leer aquí) del que hablo casi demasiado últimamente: el tiempo que se nos va y no vuelve.

Y en esos momentos de reflexión me viene siempre a la cabeza ese consejo mío, que experimento y sigo, y que doy como primer paso a mis clientes: escribe, escribe todo.

Si escribes reflexionas, piensas, ordenas conceptos; al escribir te desahogas, vomitas aquello que te revuelve.

Si escribes vives dos veces. Si escribes puedes vivir otra vida además de la tuya. Si escribes puedes comenzar a vivir como realmente quieres.

Escribir tus sueños te hace verlos.

Escribir tus ideas te hace no perderlas.

Escribir tus sentimientos te hace encontrarlos.

Escribir tu vida te hace tenerla, poseerla.

Escribir un verso te hace transmitir una emoción, guardar el momento.

Escribir es leer nuestro caminar en positivo. 

Escribir te hace coger el tiempo y guardarlo en un papel como el que guarda en un cajón un recuerdo.

Ese tiempo que pensamos no existiría si no fuésemos capaces de contarlo. Decía San Agustín:

“Qué es, entonces el tiempo? Si nadie me lo pregunta lo sé; si quiero explicárselo a quien me lo pregunta, ya no lo sé.”

Tal vez por eso escribo y tal vez por eso animo, aconsejo, e incluso pido como deberes en mis sesiones coaching, que se escriba. 

Escribir es la mejor forma de obligar a encontrarte contigo mismo. Mal o bien, da lo mismo. No escribimos para convertirnos en el mejor narrador o poeta; escribimos para salvar nuestra vida del desorden y el desequilibrio. Escribimos para ordenarnos.

Meditando muchas veces sobre esto, llego a la conclusión de que igual que muchos novelistas inventan esas historias que les gustaría vivir, ¿por qué no escribimos para vivir lo que realmente deseamos? ¿Por qué no pensar por medio de la poesía, construir una personalidad poética?

La poesía no deja de ser un discurso personal, una emoción existencial. La escritura narrativa o poética busca romper los obstáculos o trabas que nos pone la vida.

Me gusta lo singular, que no raro; lo diferente, que no extraño. Me gusta todo aquello que pierde la normalidad, que escupe los cánones establecidos. Me siento cómodo en la incomodidad. No estoy contento si no ando enredando o enredado siempre en algo.

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